Por un activismo LGBTIQ Romaní interseccional, inclusivo y descolonizado

* Este artículo fue texto base para la discusión en Kale Amenge – Seminario Amari Goli, Amaro Tehara que se celebró en Madrid el 14 de Enero de 2017 en la Mesa “Crítica Romaní a la colonización de las identidades LGTBIQ”
A pesar de que hago referencia al movimiento LGBTIQ para poder referirme de alguna manera a esta parte de la diversidad romaní (ververipen), en realidad preferiría usar el término de sexualidades disidentes.

A pesar de que hago referencia al movimiento LGBTIQ para poder referirme de alguna manera a esta parte de la diversidad romaní (ververipen), en realidad preferiría usar el término de sexualidades disidentes.

Abordar la cuestión de las sexualidades disidentes dentro del contexto romaní entraña una dificultad elevada dado que no existe un modelo de referencia anterior ni tampoco materiales propios de análisis, obligándonos a recurrir a adaptaciones de lo que otras minorías han hecho.

Hablando del activismo romaní, en general, desde diferentes espacios se pretende hacer un calco de lo que sucedió con la lucha por los derechos civiles de las personas afroamericanas que es, sin duda, un referente en lo que se refiere a conquistas ciudadanas a través de la oposición pacífica y constante a un sistema injusto. Sin embargo, el intentar forzar, exportar y aplicar plantillas mágicas o percibirlas como panaceas de lo social puede suponer, como poco, un ejercicio de alto riesgo.

No existe una única solución aplicable a cualquier colectivo o comunidad, este planteamiento pecaría de excesiva simplificación y obviaría las especificidades propias del grupo que hacen referencia a su contexto, historia y dinámicas que genera la propia idiosincrasia del mismo. De igual manera considero, también, que es necesario crear una epistemología romaní en lugar de hacernos pasar por el paradigma de otras minorías.

A pesar de que hago referencia al movimiento LGBTIQ para poder denominar de alguna manera a esta parte de la diversidad romaní (ververipen), en realidad preferiría usar el término de sexualidades disidentes. Estoy muy de acuerdo con lo que el activista Lgbtiq romaní Iñaki Vázquez señala en su artículo “Mecanismos de la colonialidad con la sexualidad disidente” (descargar mecanismos-de-la-colonialidad):

“La sexualidad inherente al ser humano es más amplia y fluida que lo que muestran las siglas que componen el acrónimo LGTBIQ. Además, a medida que van pasando los años, vamos cambiando esas siglas, como si cada vez que añadimos una “letra” contemplásemos más diversidad.

Desde mi punto de vista se puede aceptar como una nomenclatura desde el punto de vista político, como una posición desde la que reivindicar, pero no como una terminología que defina a un grupo de personas de manera inequívoca y universal. La aceptación de este tipo de terminología, muchas veces procedente de la parte mas represora de la medicina occidental desde finales del siglo XIX, también responde a la necesidad del sistema hegemónico de categorizar, etiquetar y clasificar a las personas y a los grupos humanos, para tenerlos bajo un control estático, permanente y previsible.

En cierta manera es una forma de definir la disidencia sexual desde un visión muy blanca”.

Por otro lado, no encontrarán en este texto la palabra “gitano” ni sus derivadas.

Resultaría harto contradictorio hacer uso de este término colonial haciendo referencia a la totalidad de la población romaní cuando el objeto es el de crear discursos descolonizados. La palabra “gitano” es utilizada de manera despectiva en la práctica totalidad de lenguas además de no formar parte de la autodenominación propia y proveniente del romanó. La lucha de muchas personas activistas romanís en Europa consiste precisamente en conseguir que esta palabra entre en desuso.

Entiendo el uso en el territorio español porque los propios kalés han hecho suyo este término pero no conviene caer en localismos cuando nos referimos a los más de doce millones de personas que conforman el Pueblo Romá, de ahí que tampoco utilice, y además tenga una posición militante y contraria, la palabra “gitanofobia”, en contraposición al término oficial romafobia. Palabro que parece querer ponerse de “moda” en España desde diferentes instancias.

Me resulta una muestra de paternalismo colonialista que se intenta justificar a través de la excusa de la “comprensión del término” mientras usamos palabras como aporofobia (a nadie se le ocurriría decir “pobrefobia”) y otras que, en principio, no son para nada usuales, pero que los colectivos por una cuestión de posicionamiento y de simbolismo reclaman en su uso correcto, como la palabra lgbtfobia, sin ir más lejos. Por la misma razón no estoy a favor del término oficial “antigitanismo” y suelo utilizar la denominación “racismo anti-romaní” que se comprende a la perfección y no entra en conflicto.

Romafobia y racismo anti-romaní actual

Nos enfrentamos a una época de clara recesión donde el populismo, los fanatismos y la extrema derecha están avanzando a grandes pasos.

Nos enfrentamos a una época de clara recesión donde el populismo, los fanatismos y la extrema derecha están avanzando a grandes pasos.

Una vez finalizada la II Guerra Mundial y con la creación de diferentes instituciones internacionales que aseguraran la paz planetaria y velaran por el cumplimiento de los Derechos Humanos, después de haber vivido el Samudaripen, creímos y nos convencimos de que ese periodo terrible de nuestra historia más reciente sería detestado y desterrado para que nunca más se pudiera repetir.

Nos enfrentamos, sin embargo, a una época de clara recesión donde el populismo, los fanatismos y la extrema derecha están avanzando a grandes pasos. Estas formaciones han obtenido, en más ocasiones de las que esperamos, representación política en el Parlamento Europeo. Esta circunstancia permite que estos partidos intolerantes obtengan subvenciones desde fondos europeos para su funcionamiento y una mayor capacidad de influencia en las políticas que se desarrollan a este nivel y que luego deberan armonizar los diferentes países que conforman la U.E.

Estos partidos que promueven la exclusión y la intolerancia están obteniendo puestos muy destacados en los gobiernos de sus respectivos países gracias precisamente a estos discursos contrarios al respeto de la diversidad. Su aparición y auge en el ámbito político del poder ha provocado que muchos partidos denominados “democráticos” quieran aprovechar el “tirón” y en lugar de oponerse de manera frontal a la intolerancia coqueteen con estos partidos y este tipo de discursos, restándoles importancia, justificándolos de manera más o menos directa, mirando hacia otro lado, logrando que el discurso ultra penetre en la sociedad y se normalice.

Este ambiente de permisividad provoca una grave factura social que se refleja en un aumento del rechazo social, el hostigamiento, la criminalización del grupo, el aumento de los delitos de odio y la proliferación de comentarios de odio en el ciberespacio.

Durante este proceso de rechazo al grupo humano se le “cosifica”, se deja de percibir como humano, se le hace culpable de la situación de pobreza y exclusión de la que es víctima y deja de ser percibido como un grupo étnico con su historia, lengua, tradiciones, costumbres y dinámicas propias, para ser catalogado única y exclusivamente como una lacra social y un problema con el que acabar.

De este concepto al exterminio, la eugenesia, el genocidio, restan no demasiados pasos, no en vano se han venido practicando hasta fechas muy recientes esterilizaciones forzosas de mujeres romanís y no dudo de que se sigan practicando en nuestros días.

Consecuencias generales de la romafobia y el racismo anti-romaní para la población Romá

La romafobia y el racismo anti-romaní afecta no solo en la percepción de lo romaní que se tiene desde la sociedad mayoritaria sino que también afecta a la autoimagen y percepción que tienen de sí mismas las personas romanís. Foto: Comunidad Romaní-Antofagasta (Chile) @Carlos Cerulla

La romafobia y el racismo anti-romaní afecta no solo en la percepción de lo romaní que se tiene desde la sociedad mayoritaria sino que también afecta a la autoimagen y percepción que tienen de sí mismas las personas romanís.
Foto: Comunidad Romaní-Antofagasta (Chile) @Carlos Cerulla

La herencia de siglos de romafobia y racismo anti-romaní (antigitanismo, término oficial) es difícil de borrar de nuestras sociedades, y sí, hablo de nuestras sociedades porque formamos parte de ellas como ciudadanos y ciudadanas, a pesar de que nuestras capacidades de influencia sean mínimas y se nos observe como elementos extraños a domesticar, de ser los “salvajes”, “los otros”, y que pretendan encerrarnos en la “reserva”, el gueto.

Estas formas concretas de intolerancia tienen efectos más allá de los que se observan a simple vista y no solo en la percepción de lo romaní que se tiene desde la sociedad mayoritaria sino que también afecta a la autoimagen y percepción que tienen de sí mismas las personas romanís.

El pueblo Romá ha tenido que luchar sin cuartel contra la asimilación y la extinción lo que ha tenido como consecuencia un proceso que no tiene nada de excepcional y que se estudia en sociología.

El ataque continuado y denigrante al que nos somete la sociedad mayoritaria provoca una reacción de defensa del grupo que se cierra sobre si mismo, reafirmándose, y una ruptura del diálogo entre ambas culturas, y que se cree una identidad de resistencia que se trata de reafirmar en la diferencia y la lejanía con respecto al “blanco opresor” (gadjé).

Este sentimiento de preservación y huida de lo “gadjé”, de lo que oprime, conduce a:

  • La guetización del grupo en general, que tiene menos opciones de insertarse socialmente, y la violación constante de sus derechos fundamentales, lo que produce desconfianza, exclusión social y alejamiento de las instituciones públicas . Estas condiciones provocan que el grupo acabe en una situación de mayor marginalidad e indefensión, de peligro.
  •  La identidad de resistencia provoca rechazo a todo aquello que escape a lo “habitual” por miedo a perder la identidad (apayamiento), esto repercute de manera mucho más recrudecida en la situación de la mujer y de los grupos diversos internos como el LGBTIQ sobre los que se ejerce una mayor presión.

El producto final de esta reacción en cadena es un “harakiri” cultural por:

  • Muchas veces esta identidad de resistencia que se adopta es colonial, recoge muchos de los tópicos y estereotipos que la sociedad mayoritaria crea en oposición dando lugar en ocasiones a imágenes caricaturescas asumidas como parte identitaria.
  • El rechazo de todo lo que sea “extraño” hace que las posiciones de relación hombre-mujer deriven hacia roles más conservadores y menos igualitarios. Se suele reafirmar la cuestión identitaria en las “obligaciones” que debe seguir la mujer para “preservar la tradición y la cultura” haciendo recaer sobre ellas todo el peso, liberando a los hombres de cualquier responsabilidad en este sentido. Esto hace que sufran una mayor vigilancia y menor libertad al ser sobre las que se deposita el honor de la familia.
  • La cuestión de género no afecta solo a las mujeres sino a todo lo relacionado con los roles masculinos y femeninos, reforzando los roles conservadores y dejando al margen a aquellos que salen de esta “normalidad binaria y heterosexual” lo que provoca un rechazo radical al colectivo LGBTIQ que debe enfrentar una discriminación múltiple, como en el caso de la mujer, frente a la sociedad mayoritaria debido a su origen étnico y orientación sexual y también cara a la comunidad romaní que percibe estas diferencias como algo “gadjé”, invasor, y no aceptable dentro del colectivo.

La colonización y la identidad de resistencia explica porque programas de TV, que pretenden ridiculizar y estereotipar a la población romaní (“My Big Fat Gypsy Wedding” “Palabra de Gitano”…) tengan, sin embargo, un gran número de seguidores en la comunidad romaní y posean una influencia notable en la auto-imagen que tiene de sí misma.

La Diversidad “Normativa” y la Diversidad “Molesta”

Se ha creado lo que yo denomino la “diversidad normativa”, una diversidad que se divide en compartimentos estancos y que está clasificada e incomunicada en su apartado, sin posibilidad de transvases. Foto: Logo de la Asociación Yo Soy el Otro

Se ha creado lo que yo denomino la “diversidad normativa”, una diversidad que se divide en compartimentos estancos y que está clasificada e incomunicada en su apartado, sin posibilidad de transvases.
Foto: Logo de la Asociación Yo Soy el Otro

Salir de la norma está penalizado, las víctimas de crímenes de odio son muchas y por diversos motivos no solo por cuestiones de origen étnico, también existe la aporofobia, la islamofobia, la discafobia, la transfobia… el diferente es el objetivo.

A pesar de que la hostilidad existe y que vivimos este periodo de regresión, los colectivos diana han ido ganando derechos, no sin mucho esfuerzo, y han conseguido empoderarse de manera progresiva en muchos lugares creando sus plataformas y lobbits, algunos con bastante capacidad de influencia. Ha sido un proceso largo, duro y no acabado.

De entre estos colectivos quizás el que más a avanzado en los últimos años sea el LGBTIQ.

Sin embargo, se ha creado lo que yo denomino la “diversidad normativa”, una diversidad que se divide en compartimentos estancos y que está clasificada e incomunicada en su apartado, sin posibilidad de transvases.

La consecuencia de esto son organizaciones que luchan por separado, que se ocupan de manera exclusiva de su problemática sin establecer conexiones y que son capaces de reproducir las fobias que han sufrido sobre otros colectivos víctimas. Grandes especialistas en su terreno pero carentes, en muchas ocasiones, de la empatía suficiente para reconocer los mecanismos de dominación coincidentes y la forma de combatirlos.

Si ya cuesta reconocer los mecanismos de opresión entre diferentes colectivos que surgen del mismo contexto blanco… qué ocurre con esos que no lo son, ni tienen acceso a los espacios de poder. Esta puede ser una diversidad molesta para los grupos que ya tienen un reconocimiento, una estrategia y una idea porque “distrae” de sus planes y objetivos. Además estos grupos, que han sufrido la violación sistemática de sus derechos, se sienten muy incómodos cuando son cuestionados y colocados en el lado del poderoso porque ya se han creído más que justificados en su posición de disidentes.

El movimiento Lgbtiq institucionalizado y el movimiento Lgbtiq Romaní

Durante la revolución de Stonewall se crea un movimiento activo que ya no usa la palabra médica homosexual y se identifica con la palabra reivindicativa Gay. Representa el nacimiento de la naturaleza reivindicativa del colectivo LGBTIQ.

Durante la revolución de Stonewall se crea un movimiento activo que ya no usa la palabra médica homosexual y se identifica con la palabra reivindicativa Gay. Representa el nacimiento y raíz del actual movimiento reivindicativo del colectivo LGBTIQ.

Ha llovido mucho desde Stonewall en 1969, el día en el que el grupo más denostado y olvidado del colectivo Lgbtiq se revolvió contra el sistema y consiguió aparecer en la historia.

El día histórico en el que un grupo de mujeres transexuales se lanzó contra la policía hartas del abuso. Las mismas que luego son invisibilizadas de la historia y del propio activismo lgbtiq. Líderes clave de esta revuelta como  la activista trans Sylvia Rivera de la que se habla muy poco y que podríamos catalogar como la madre del actual movimiento por la defensa de los derechos civiles de las personas LGBTIQ.

Sin embargo, pocas personas recuerdan que 10 años antes de Stonewall hubo una revuelta justo al otro lado del país en Cooper’s Donuts que fue liderada  por mujeres trans y prostitutas.

Cooper’s Donuts era un lugar de encuentro gay que abría toda la noche, en el centro de Los Angeles. En el se reunían prostitutas, chaperos y mujeres trans, en general,  y solía acudír la policia con asiduidad para hostigar a las personas Lgbtiq que se congregaban en esta cafetería. En mayo de 1959 estas prostitutas y mujeres trans se hartan del abuso y la violencia policial. La respuesta a los abusos de la policía se inició lanzando donuts, que acabaron por convertirse en unos disturbios en la calle que duraron por toda la noche, dando lugar a la primera revuelta Lgbtiq de la historia moderna, siete años antes del Black Cat Riot en el barrio de Silverlake en LA, y diez años antes de la Rebelión de Stonewall.

El movimiento Lgbtiq “oficial” ha heredado muchos de los defectos propios de la sociedad en la que nace. La representación suele ser masculina quedando las lesbianas relegadas a un segundo plano por no hablar de las personas transexuales que no son tomadas demasiado en cuenta en sus reivindicaciones y que son, además, las que se enfrentan a una situación de mayor rechazo social.

El movimiento ha sufrido una variación importante en su naturaleza y forma desde los años 70. Desde esa pequeña revolución de Stonewall se crea un movimiento activo que ya no usa la palabra médica homosexual y se identifica con la palabra reivindicativa Gay.

Los 70’s son años de libertad, de sexo sin remordimientos, de experimentar… son los años en los que se rompen muchos tabús, si bien no fue algo universal si parece que hubo una relajación con respecto a determinados temas como las drogas y el sexo, eso es lo que nos llega desde el faro de occidente, Estados Unidos. En España todavía estaba penalizada la homosexualidad y eran sometidos a tratamientos terribles para variar su orientación.

Los 80’s son los años de cierto esplendor económico, se vive bien en general, se mantiene y se disfruta la libertad ganada. En España hemos salido de la dictadura y estamos en plena “movida”, se celebran los primeros orgullos. Pero todo se ve truncado con la aparición del VIH, del Sida.

La pandemia se cobra innumerables vidas y los medios contribuyen a crear estigmas hablando del “cáncer gay” y de “colectivos de riesgo”. Fueron momentos en los que la gente cercana moría y se vivía en un estado de miedo dentro del colectivo. Al mismo tiempo, creció el rechazo hacia el mismo y los prejuicios se dispararon.

Es en ese momento cuando el colectivo da un giro conceptual importante, lo que antes era libertad sexual, gozo del cuerpo y los sentidos, ahora se transforma en el deseo de ser “normal” y hacer “como todo el mundo”. Se moraliza la sexualidad también dentro del colectivo y se tiende a copiar el modelo hetero neoliberal burgués de pareja, monógama, aséptica, saludable, institucionalizada y con hijos dejando a parte a los “malos gays” que serían unos promiscuos, drogadictos y amorales que afean la imagen de todo el colectivo.

Se transmite y crece la idea surgida en EEUU de comunidad gay, fijada en el poder económico, con servicios diferenciados, con barrios y negocios propios y también se establece una estética dominante en el movimiento a la vez que se oficializa y pasa por el tamiz de lo “correcto” para convertirse en algo “aceptable” desde el poder blanco, heterosexual y binario.

Brigitte Vasallo en el prólogo del libro “Witchcraft and the gay counterculture” hace una descripción brutalmente cruda de esta nueva realidad, que me permito transcribir:

“Los hombres blancos heterosexuales han logrado un precioso aliado en los hombres blancos gays. Esos que ya no son chusma porque nunca la fueron. Esos machos plumófobos que desprecian a las locazas. Esos que son tránsfobos, misóginos, machistas, clasistas, racistas, gordófobos. Esos que no admiten maricas en sus entornos, que invisibilizan a las bolleras en sus discursos, que nos niegan la prueba del sida en sus equipamientos y checkpoints. Esos que, en palabras de Evans, «son una multitud de conformistas imitadores de lo varonil, meticulosamente embutidos en tejanos. (…). El liberalismo gay ha animado a los hombres gays a imitar el comportamiento de los profesionales heteros que ansían ascender socialmente ».

“Esos hombres gays que de tanto pedir perdón al amo por existir, se han convertido en eternos aspirantes a hombres hetero que follan con eternas pantomimas de hombres hetero”.                           

El movimiento Lgbtiq romaní nace en un contexto híbrido, no deja de ser producto de una sociedad dominante en la que nacemos y con la que interactuamos al mismo tiempo que debe seguir ciertas reglas de juego con respecto a la comunidad romaní.

El movimiento Lgbtiq romaní nace en un contexto híbrido, no deja de ser producto de una sociedad dominante en la que nacemos y con la que interactuamos al mismo tiempo que debe seguir ciertas reglas de juego con respecto a la comunidad romaní.

Frente a esta tendencia “oficial” del colectivo nos hallamos los disidentes de la disidencia valga la redundancia.

Como ya mencioné, somos esa otra realidad incómoda que pone en entredicho la oficialidad y el status quo de este movimiento ya posicionado, que no deja de repetir muchas de las inercias colonizadoras del contexto en el que se desarrolla.

En ocasiones, sectores de estos grupos dominantes, utilizan a las personas LGBTIQ Romaní y la falta de aceptación de estas dentro de la comunidad Romá como armas arrojadizas para atacar al grupo romaní en general, reafirmando prejuicios y acusando a todo el grupo de intolerante, en el mejor de los casos, cuando no se entra en un lenguaje colonial y racista que habla de grupos primitivos, salvajes, subdesarrollados… con predisposición genética a determinados comportamientos sociales,  categorizaciones y afirmaciones, todas ellas despectivas y etnocéntricas que buscan más atacar al grupo, que realmente establecer un cambio y una defensa de los derechos de las personas LGBTIQ romanís.

El movimiento Lgbtiq romaní nace en un contexto híbrido, no deja de ser producto de una sociedad dominante en la que nacemos y con la que interactuamos al mismo tiempo que debe seguir ciertas reglas de juego con respecto a la comunidad romaní.

Haciendo referencia a esta particularidad intracultural, podemos hacernos una idea bastante aproximada de lo difícil que puede resultar la vida en el grupo para alguien que ose disentir y no seguir las normas, esa insumisión puede costar muy cara al que las infringe y también por extensión a su familia, por ello todo el mundo se cuida de expresar determinadas opiniones o adoptar determinadas posturas de manera pública.

La hipocresía social es una forma de supervivencia y de adaptación en el grupo para aquellos que aún a pesar de no tener esta mentalidad e incluso no cumplir, a nivel privado, con el modelo impuesto quieren seguir siendo bien considerados por la mayor parte del grupo. La presión de grupo hace que los cambios se produzcan y acepten con mucha lentitud.

Los mecanismos de control y exclusión propios de la cultura Romá se podrían catalogar en:

  • La honorabilidad, que representa la pureza del cumplimiento de las normas. Por tanto el incumplimiento de las mismas atenta de manera directa contra este principio que rige todo.
  • El ostracismo. A aquellos que no siguen las normas se les van cerrando y cortando las relaciones sociales que puedan tener. El miedo a encontrarse en esta situación hace que se produzca un discurso de “hipocresía social”.
  • La rumorología. es una forma de control social, no provoca un enfrentamiento directo. La finalidad del rumor es la de hacer sentir al interesado que está infringiendo las normas para que establezca algún tipo de auto-censura y de auto-control de sus acciones empujado por el miedo al que dirán y por la incomodidad de sentirse siempre cuestionado. Hacer evidente el rumor, verbalizarlo en forma de acusación directa, sería el paso definitivo para la exclusión del individuo del grupo.
El proceso de liberación y lucha de las personas romanís con sexualidades disidentes está en pleno desarrollo.

El proceso de liberación y lucha de las personas romanís con sexualidades disidentes está en pleno desarrollo.

En el caso de las conductas excluyentes en el seno de nuestras comunidades romanís, estas vienen más motivadas por una cuestión de prejuicios personales (homofobia, desconocimiento, fanatismos religiosos…) que por una cuestión de etnicidad, aunque muchos y muchas traten de camuflar y justificar estas conductas intolerantes y excluyentes bajo la patina de la “cultura” y lo que según su concepto reaccionario es un “verdadero Romá”.

En el caso de la sociedad mayoritaria, sus intolerantes, coinciden en esa visión recortada y obtusa, que deja una única vía al reconocimiento como parte del grupo, la de cumplir los estereotipos que se tienen sobre la cultura romaní, en caso contrario también te negarán la pertenencia a este grupo o te considerarán como “la regla que confirma la excepción”.

Como vemos los intolerantes suelen coincidir aunque partan de puntos diferentes.

El proceso de liberación y lucha de las personas romanís con sexualidades disidentes está en pleno desarrollo. Algo que podía resultar impensable hace tan solo unos años, como el hecho de ser visibles y participar en un evento como las marchas por los derechos de las personas LGTBIQ son ahora cada vez más frecuentes y menos excepcionales, así como la aparición de líderes que hablan abiertamente de su orientación y sus derechos.

Esta visibilidad resulta de gran ayuda en varios sentidos, por un lado rompemos esa imagen monolítica que la sociedad mayoritaria posee de nosotros y nosotras, tan alejada de la realidad y sustentada bajo estereotipos, humanizándonos y creando empatía. Por otro lado este proceso ayuda a que muchas personas romanís LGTBIQ puedan salir de su ostracismo, sepan que no están solas y adquieran seguridad en sí mismas. También la propia comunidad empieza paulatinamente a aceptar esta realidad que continua siendo un tabú y un obstáculo en muchos grupos y familias.

Vera Kurtic nos cuenta en su libro “Džuvljarke” la dificultad de ser mujer, romaní y lesbiana. La discriminación múltiple y la negación de la sexualidad.

Vera Kurtic nos cuenta en su libro “Džuvljarke” la dificultad de ser mujer, romaní y lesbiana. La discriminación múltiple y la negación de la sexualidad.

Otro reto nos queda por alcanzar.

Nosotros y nosotras, al igual que las feministas romanís, debemos luchar contra la “diversidad normativa”; la que se corresponde con unos movimientos que responden al patrón de persona urbana, clase media, blanca y occidental, para establecer un discurso y una forma de lucha que madure aprovechando los avances que estos han logrado pero que rompa con el colonialismo y ofrezca visiones más interseccionales de la diversidad.

Me permito apuntar que hasta hace muy poco las Rromís lesbianas eran invisibles.

Como pasa en todas las sociedades patriarcales, a las mujeres se les niega su sexualidad, son meros recipientes contenedores de futuras vidas o saciadoras del apetito sexual masculino, al que se le reconoce como activo naturalmente. Así nace el neologismo romaní, inventado por Vera Kurtic, “Džuvljarke” (se pronuncia como djubliaka), para denominar a las lesbianas en la “amari chib”, puesto que antes no existía. En su libro (descargar), del mismo título, nos cuenta como es la vida de una mujer romaní y lesbiana.

Según palabras de la autora:

“He escrito este libro porque pienso que las mujeres deben hacer una guerra contra el silencio: Contra el silencio que provoca la constricción social, contra el silencio politicamente predeterminado; contra el silencio coreografiado economicamente; contra el silencio nacido del sufrimiento y del desespero del abuso sexual o del estado de ciudadanos de segunda clase. Creo en la humanidad: podemos decir no a la crueldad y abrazar la simple compasión de la igualdad social. No sé porque creo en todo esto; lo único que sé es que lo creo y lucho por esto”.

Me parece importante destacar que están surgiendo nuevas formas de activismo y de maneras de organizarse. Este texto se quedaría incompleto si no hablara del “artivismo” queer de Sandra Salimovic. Esta joven actriz de origen serbio, creció en Austria y en la actualidad reside en Barcelona. Conviene destacar de entre sus creaciones la obra de teatro “Héroes”.

“Héroes” es la historia de tres mujeres migrantes de diferentes orígenes, una chica magrebí, otra de un país del Este y una de origen subsahariano, que son retenidas en un centro policial de Austria. Las tres llegan a Austria por diferentes razones, una por cuestiones políticas, otra buscando una vida mejor y la tercera por correr peligro por su orientación sexual. En esta obra se ponen de manifiesto las relaciones de poder, el tráfico de personas y la presión brutal del patriarcado.

Su más reciente creación artística es “Mindj Panther” (Vagina de Pantera) un rap contundente cantado en serbio y en romaní que desde una posición feminista hace un manifiesto antirracista haciendo alegato al respeto a la diversidad.

Su actividad artística tiene como objetivo provocar, crear reacción y reflexión a un tiempo.

Cada vez son más las organizaciones de mujeres que han surgido con un planteamiento nuevo desde le feminismo romaní, no colonial e interseccional que plantean nuevos desafíos.

Estos feminismos son más duros en sus críticas hacia la sociedad mayoritaria y menos “conformistas” a la hora de negociar en que partes deben ceder tanto ante la sociedad mayoritaria como ante la comunidad romaní, lo que está provocando una gran revuelo interno. Cabe destacar el esfuerzo cada vez mayor para crear materiales pedagógicos y de análisis propios sin tener que recurrir a adaptaciones de lo que ya han hecho desde la mayoría u otras minorías.

Ya son dos las conferencias internacionales Lgbtiq romanís que se han celebrado en Europa bajo el auspicio de la Asociación checa ARA ART y la colaboración de la Open Society Institute. En estos encuentros hemos tenido la oportunidad histórica de conocernos y estableces coordinaciones.

El objetivo de este año ha sido sobretodo el de tratar de ampliar el círculo de personas implicadas y comenzar a esbozar un plan de actuación que nos lleve en un futuro próximo a la constitución de una Plataforma Europea LGBTIQ Romaní con entidad legal que será el objetivo del próximo año, así como incrementar nuestra presencia y visibilidad en otros espacios que afecten tanto a la población Romá como en lo referente a Derechos Humanos y población LGBTIQ.

 Hemos querido, también, hacer visible la rica diversidad de la que goza el Pueblo Romaní y dejar constancia de nuestra Romipen (sentido de pertenencia e identidad romaní), una diversidad que rompe con las imágenes estáticas y prejuiciosas que tanto los grupos intolerantes de la sociedad mayoritaria como las personas romanís apegadas a una “identidad de resistencia” tratan de imponer. Ambos grupos coinciden en negar la identidad a aquellos y aquellas que, perteneciendo al grupo, escapan de sus conceptos rígidos.

En la Plataforma Europea LGBTIQ Romaní coincidimos fue en la falta de atención a la cuestión LGBTIQ Romaní por parte de las organizaciones “oficiales” con representación en el ámbito político y social. Hubo también acuerdo con respecto a romper con las imágenes y los discursos colonialistas, así como, establecer estrategias comunes con otras minorías.

En la Plataforma Europea LGBTIQ Romaní coincidimos fue en la falta de atención a la cuestión LGBTIQ Romaní por parte de las organizaciones “oficiales” con representación en el ámbito político y social. Hubo también acuerdo con respecto a romper con las imágenes y los discursos colonialistas, así como, establecer estrategias comunes con otras minorías.

Algo en lo que todas las personas que participamos coincidimos fue en la falta de atención a la cuestión LGBTIQ Romaní por parte de las organizaciones “oficiales” con representación en el ámbito político y social.

Hubo también acuerdo con respecto a romper con las imágenes y los discursos colonialistas, así como, establecer estrategias comunes con otras minorías.

Fruto de estas reuniones nace la Declaración de Praga en la que hacemos visible nuestra situación como personas Lgbtiq romanís y además hacemos una serie de demandas.

Recomendaciones y desafíos que pueden ayudar a crear un contexto más respetuoso con la Ververipen (diversidad romaní)

Las recomendaciones para seguir creando movimiento y asegurar un mayor respeto a la diversidad tanto en la sociedad mayoritaria como en la propia comunidad romaní son:

  •  Tratar de huir de los discursos victimistas y tratar de ser mas pro-activos procurando ofrecer imágenes que rompan con los estereotipos y ayuden a mejorar la auto-estima de nuestra comunidad y por ende de los individuos que la conforman.
  • Denunciar los delitos y los comentarios de odio. La mayor parte de las víctimas no denuncian por desconfianza a las instituciones y miedo. Eso provoca permisividad y normalización del odio.
  •  Entender que las cuestiones de género no solo afectan a la mujer sino a toda la comunidad, y está ligada de manera inherente a la lucha Lgbtiq, por eso, el trabajo del feminismo romaní no debe ir en la línea del enfrentamiento sino de la formación y concienciación de la parte masculina para que sea una parte más de la lucha por la equidad.
  •  La represión y rechazo del colectivo Lgbtiq Romaní representa una grave incoherencia con respecto a las reivindicaciones generales dentro del asociacionismo romaní que precisamente demanda un respeto a la diversidad, sin ponerla en práctica dentro de su propia comunidad. Estas posiciones lgbtfobas dan argumentación a los intolerantes para reafirmar los estereotipos y los prejuicios negativos que existen contra el Pueblo Romá.
  •  La represión de la diversidad dentro de nuestras propias comunidades nos conduce a la división, la perdida de capacidad de influencia, el enquistamiento de estereotipos y prejuicios negativos contra el Pueblo Romá y sobretodo al sufrimiento de una parte de nuestro pueblo provocado por la propia comunidad que puede producir males a terceros (matrimonios amañados) y/o conducir a las personas rechazadas al suicidio o a otras muchas enfermedades tanto sociales como físicas.
  •  Los enfoques han de darse desde la interseccionalidad, procurando discursos inclusivos y estableciendo coordinación con otras minorías que del mismo modo sufren las imposiciones de la sociedad mayoritaria con el fin de descolonizar el discurso y crear estrategias y materiales propios.
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