La Deriva Neoliberal Feminista y LGBTIQA+

En València se celebran desde hace unos años una actividad promovida por la Diputación de València que se llama FEMINARIO. Este Feminario es una iniciativa que “surge para recoger la tradición del feminismo valenciano y para dar respuestas a los temas actuales.”

La primera vez que lo leí me pareció una idea genial, ya era hora que después de más de dos décadas ocupados por las ordas orcas del PP hubiera un poco de aire fresco.

Procuro acercarme a estas cuestiones con pies de plomo, entiendo que en estas cuestiones un señor debe ir a aprender y tomar posiciones discretas, los señores hemos tenido y tenemos muchas ocasiones, gracias al patriarcado que nos da enormes privilegios, para ocupar cualquier espacio y adueñarnos.

A todo esto no puedo evitar tampoco que mis otras interseccionalidades estén presentes porque forman parte de mi “yo”, ser minoría étnica, persona disidente sexual racializada, migrante… etcétera y que eso me proporcione otros elementos de análisis que para una persona hetero, cis, blanca, clase media, urbana, estudios medios serían difíciles de localizar y en muchas ocasiones entender.

Me apunté al Feminario, quería y quiero seguir aprendiendo y mejorando, considero que como señor debo deconstruirme aún en muchos aspectos y seguro que me quedan trazas machistas heredadas de la sociedad en la que vivo.

Cuando me senté a escuchar y me fijé en el cartel, no pude evitar caer en la cuenta de que no había presente ni una sola mujer que perteneciera a alguna minoría étnica, religiosa… lo que me llamó poderosamente la atención. El cartel estaba formado de manera exclusiva por señoras blancas, cis, académicas, occidentales y con una historia larga a sus espaldas, por lo que los discursos ya me parecieron bastante “convencionales” y muy poco innovadores, pero bueno, está bien.

Al finalizar la primera conferencia, decidí con mucho corte, levantar la mano y cuestionar el porqué no había ninguna mujer que proviniera de las minorías.

La contestación me dejó perplejo.

La señora, de la que no recuerdo el nombre, académica y con mucha teoría feminista, me dijo que “esos grupos minoritarios y nuevos feminismos lo que hacían era restar y difuminar la agenda feminista” no me lo creía, en serio, no podía entender la falta de sensibilidad y de SORORIDAD con sus hermanas en minoría.

Por si esto no fuera suficiente acabo rematando “además cuando voy a las reuniones con esas mujeres me hacen sentir como opresora”… es obvio que no escuche ni una sola conferencia más.

La madrina de este FEMINARIO es Amelia Valcárcel, una de las cabecillas junto a Lidia Falcón de esa corriente feminista que tuvo su “gloriosa” puesta en escena en la Escuela Feminista Rosario Acuña en la que tuvo lugar la insultante, despectiva y polémica frase, ”Les digo tíos porque son tíos”.

Hasta hace muy poco nadie podía plantearse que el feminismo pudiera ser excluyente, la propia esencia del feminismo pasa precisamente por esa conciencia de oprimidas, despojadas y de inclusión. También es cierto que la gente habla “a bulto” del feminismo sin tener en cuenta las diferentes olas de feminismo, se habla ya de una cuarta.

Estas respuestas y esto que vi me dejaron el alma destemplada y quise saber más, yo, como casi todes pensaba que el feminismo era uno y todes a una, pero ahí me di cuenta de que no era así. Las feministas racializadas no entraban y junto a ellas muchas otras cuestiones.

Me sorprendió ver a la misma corriente de “feministas” actuar de manera etnocéntrica, insultando, infantilizando y fiscalizando a las mujeres musulmanas y de otras culturas, estipulando desde su contexto cultural, social y político que era y que no era feminista.

Quizás olvidaron que aún siendo disidentes seguían siendo blancas y seguían teniendo el privilegio que las hermanas racializadas no alcanzan. Olvidaron, también, que existe algo más que occidente, que no pueden apropiarse de las luchas de otros colectivos con sus especificidades y que el feminismo no lo inventó quien le puso el nombre porque formas de lucha contra el patriarcado se han producido desde siempre y de diferentes maneras según el contexto.

En una palabra le pusieron nombre al oxigeno que respiramos y pensaron que no existió hasta que ellas lo nombraron.

Estas maneras de actuación no son nuevas, ya en los años 60 del siglo pasado las afrofeministas se quejaban precisamente de su invisibilización y de como ese movimiento “blanco” feminista no las representaba.

Este sentimiento podría resumirse en la frase de Bell Hooks de 1984
“A menudo las feministas blancas actúan como si las mujeres negras no supiesen que no existía la opresión sexista hasta que ellas dieron voz al movimiento feminista. Creen que han proporcionado a las mujeres negras “el” análisis y “el” programa de liberación. No entienden, ni siquiera pueden imaginar, que las mujeres negras, así como otros grupos que viven cada día en situaciones opresivas, a menudo adquieren conciencia de la política patriarcal a partir de su experiencia vivida, a medida que desarrollan estrategias de resistencia, incluso aunque ésta no se dé de forma organizada”

Tengo la sensación de que estas mujeres blancas cis universitarias y académicas a las que no se les puede más que elogiar que fueran punta de lanza para los derechos de las mujeres (ojo, fueron punta de lanza porque dentro de todo son las que podían permitírselo, dentro de su opresión de mujer contaban con la fuerza de ser blancas y clase media) tienen miedo a perder su hegemonía.
Sienten que cómo inventoras del término, al ponerle nombre, es suyo, por tanto otras intervenciones se consideran como injerencias al monopolio que pretenden establecer por encima de cualquier cosa, es su hija. Siempre desde esa perspectiva occidental y blanca.
Considero que este fenómeno es muy fácil de comparar y establecer un nexo con el nacimiento del homonacionalismo dentro del colectivo LGBTIQA+ (al que prefiero llamar de Disidencia Sexual”)

Según mi opinión una de las causas de este “giro conservador” parte de la ignorancia sistémica del concepto INTERSECCIONALIDAD que ya apuntaban las feministas afroamericanas y que precisamente la jurista afroamericana Kimberlé Williams Crenshaw introdujo en las Ciencias Sociales en 1989. Con esto se pretende reflejar el sistema de opresión que refleja la intersección de múltiples formas de discriminación.

¿Porqué digo esto?

Como dije en otro artículo, se ha creado lo que yo denomino la “diversidad normativa”, una diversidad que se divide en compartimentos estancos y que está clasificada e incomunicada en su apartado, sin posibilidad de transvases.

La consecuencia de esto son organizaciones que luchan por separado, sin establecer conexiones y que son capaces de reproducir las fobias e intolerancias que han sufrido e infringirlas sobre otros colectivos más vulnerables aún. Carecen, en muchas ocasiones, de la empatía suficiente para reconocer los mecanismos de opresión coincidentes y la forma de combatirlos, estableciendo una pelea entre oprimides y no contra el orden discriminador y opresivo.

De la misma forma que el movimiento de disidencia sexual “oficial” ha caido en tendencias neoliberales y excluyentes el movimiento feminista no parece quedarse a la zaga. No olvidemos que la extrema derecha se está alimentando de una buena parte del colectivo de disidentes sexuales al hacer proclamas islmófobas, anti-inmigracionistas, aporofóbicas… debemos tener muy presente que algunos dirigentes de partidos de extrema derecha en Europa son abiertamente gay, como por ejemplo el ya fallecido Pim Fortuny.

En las últimas elecciones estadounidenses, francesas y neerlandesas hemos visto cómo una facción del electorado LGB viraba a posturas de extrema derecha, un fenómeno conocido como homonacionalismo. Anteponer la seguridad a los avances sociales como consecuencia de la supuesta invasión de grupos homófobos, así como la aceptación de identidades homonormativas por parte de esta nueva derecha, pone de manifiesto la creciente brecha entre las minorías.

Considero que una parte del movimiento feminista ha caído también en esta inercia.

No solo creo que una parte está rodando en esa inercia sino que además la ultraderecha ha puesto sus ojos ahí para su discurso neofascista, como ha hecho con el discurso LGBT, para expandir el odio hacia los colectivos diana del fascismo del siglo XXI.

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