“Un Caramelo”

Baxtalo Krechuno thaj Lacho Nevo Bersh – Feliz Navidad y próspero año nuevo. 

chispas copiaÉl era gitano, no se correspondía a la imagen que la mayoría tiene en su cabeza, era muy claro y no destacaba por ninguno de los estereotipos que la mayoría maneja, por eso se podía mover libremente por el Corte Inglés sin que el vigilante lo siguiera con mirada acusadora, por eso podía entrar a comprar los regalos a sus nietos sin esperar sinsabores. Una persona educada y trabajadora, como mucha otra que hacía sus compras pre-navideñas y se preparaba para celebrar los próximos días en familia.

Con las manos llenas de bolsas entró al ascensor del centro comercial, aunque eran estas fechas hacía un calor inusual, se acomodó en uno de los rincones y al lado se encontraba una señora con su hijo.

El niño era… pues eso… un niño, revoltoso, emocionado con tanta gente e inquieto por haber ido al centro a comprar cosas, además su madre le había consentido un poquito y había cedido a algún capricho… eran casi navidades.

Ella, la madre, una joven muy arreglada con aspecto de funcionaria, estaba un poco cansada de ir todo el día en ristre, solo tenía ganas de acabar, llegar a casa y darse una ducha… el chiquillo no paraba.

Él miraba de reojo sonriendo mientras se acordaba de sus nietos escuchando el trasteo del niño.

La madre, que ya no se aguantaba más, sujetó al niño por un brazo y le dijo «¿Quieres parar ya? Van a venir los gitanos y te van a llevar en un saco para comerte».

El niño no sabía qué era un gitano, pero imaginó que era una especie de monstruo terrible y se quedó paralizado, sin hacer un solo gesto, mirando con los ojos muy abiertos a su madre.

El señor, que había escuchado la conversación porque estaban justo al lado suyo, con una punzadita en el corazón, pero una gran ternura hacia el niño, se metió la mano en el bolsillo y le dijo «Yo soy gitano, no te voy a llevar ni te voy a comer, pero te voy a dar este caramelo, que es del sabor favorito de mi nieto».

Acto seguido salió del ascensor, no quería girarse y mirar la cara de aquella señora para no avergonzarla, por eso prefirió agachar un poco la mirada, y se perdió en la felicidad de aquel niño que sonreía porque aquella persona tan amable le había dado un caramelo, de fresa, su favorito.

Demetrio Goméz

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