Chile: Luis Navarro Vega, Fotógrafo-Resistente, Fotógrafo de los Gitanos

Luis Navarro Vega, Fotógrafo de los Gitanos de Chile

Luis Navarro Vega, Fotógrafo de los Gitanos de Chile @DepêcheTsiganes

Desde que era niño en el norte de Chile, Luis Navarro Vega soñaba con pintar y dibujar la belleza de los trazos de Van Gogh, Rembrandt, Vermeer o Degas. Siguió los estudios de arte pero en 1973 el golpe de estado contra Salvador Allende y la sangrienta dictadura instaurada por el General Augusto Pinochet hirieron para siempre sus sueños de armonía.
Nacido el 2 de mayo de 1938 en el majestuoso contexto de Antofagasta, donde se encuentran el Desierto de Atacama y el Océano Pacífico, Luis es el pequeño de los seis hermanos de una familia modesta.
Su madre era matrona y su padre mecánico pero sobretodo “anarquista, libre-pensador y humanista”. Su venerado padre le contó desde su más tierna edad la masacre, de la que fue testigo, de centenares de obreros huelguistas del salitre en la Iglesia de Santa María de Iquique el 21 de diciembre de 1907, un episodio que sirve de fundación para izquierda chilena. Le hizo leer desde muy joven toda la literatura – desde Marx a Voltaire pasando por Zola – que nutrió los movimientos de defensa de los más pobres, reclamando una mayor justicia social en un país aplastado por las sangrantes desigualdades desde su fundación.
Su padre le deja en herencia la sed de justicia social, su sentido de la dignidad, de la militancia y de la solidaridad. También su irreverencia y su coraje. En 1976, tres años después del inicio de la dictadura que interrumpió brutalmente las esperanzas de justicia social suscitadas por el gobierno de Salvador Allende, Luis Navarro debe abandonar su ciudad natal. Está en busca y captura por haber participado en unas acciones de ayuda a las familias de “desaparecidos” mientras las detenciones arbitrarias se multiplican en un clima de terror.
En la capital chilena, Santiago, se lleva con él la máquina de fotografiar Pentax que le ha prestado un amigo. Será fotógrafo. Fotógrafo de la resistencia y así lo afirma “La fotografía es una poderosa arma política contra la dictadura: Nos ofrece un testimonio inmediato e irrefutable que puede ser difundido ampliamente y conservado como prueba”. Se convierte, por tanto, según sus propias palabras en el “Fotógrafo de los perdedores y de los muertos”.
Con valor, luchando contra el miedo que le asalta, documenta pacientemente, por un lado a la Iglesia católica solidaria con las víctimas, las múltiples violaciones de los Derechos Humanos de las que el régimen de Pinochet es culpable diario. Trabaja sobre todo para la revista “Solidaridad” bajo la protección del Cardenal Raúl Silva Henríquez, Arzobispo de Santiago y una poderosa voz disidente a la junta militar sanguinaria. Luis se encarga de inmediato de reunir y difundir las fotos de los “desaparecidos” para impedir que la impunidad o el olvido los borren. Después sale a la calle, con la máquina de fotos escondida bajo el blusón, para testimoniar la represión en los barrios más pobres. Allí es siempre bien acogido ya que él ha crecido en un medio proletario y no tiene cara de “gringo”. Es ya un defensor de los sin voz, de los que han sido privados de la libertad, de los perseguidos y los torturados. El miedo lo lleva mejor “gracias a la solidaridad de sus colegas y el pueblo”. Además tiene la “convicción de estar en el buen lugar” que le ayuda a mantenerse incluso en los momentos más duros.
Aunque la Dictadura de Pinochet pretende hacer creer que no tortura y no asesina y asegura no saber donde se hallan los centenares de “desaparecidos”, en 1978 Luis Navarro Vega expone, frente a las excusas de Estado, una primera respuesta a la pregunta que hacen miles de familias en Chile, pero también en Argentina y en Uruguay, donde hacen estragos otras dictaduras sostenidas por los Estados Unidos: ¿Dónde están?.

El reconocido fotógrafo hace una síntesis de este largo trabajo y relación con el mundo gitano en una muestra en el Centro Cultural Estación Mapocho y en un libro editado por Ocho @Luis Navarro Vega

El reconocido fotógrafo hace una síntesis de este largo trabajo y relación con el mundo gitano en una muestra en el Centro Cultural Estación Mapocho y en un libro editado por Ocho @Luis Navarro Vega

En la región de Santiago, en Lonquen (Tierras Bajas en mapuche) fotografía la realidad de las “desapariciones” con todo el horror y las fija para siempre en la memoria colectiva: 15 cadáveres de “personas normales que trabajaban en un viñedo, no tenían ningún rol político y fueron enterrados en una vieja mina”. “Desaparecidos” desde 1973, cinco de las víctimas pertenecían a la misma familia. Otra familia perdió a tres de sus miembros en esta masacre. A través de sus fotos, Luis Navarro Vega es testigo con humanidad de su dolor y del imposible duelo, bajo la bota de los militares errados.
El fotógrafo que tiene entonces 40 años, no volverá jamás a ser el mismo después de haber “entrado a la mina al menos 20 veces durante cuatro días, arrastrándose de espaldas, con un pañuelo cubriéndole la boca y la nariz cada vez que descubrían nuevos cadáveres”. Tiene, de hecho, pesadillas y no aprecia en absoluto las preguntas morbosas acerca de este terrible episodio. Sin embargo, sus fotos son empuñadas en el mundo entero como la prueba incontestable de las barbaries de los esbirros de Pinochet. Son históricas. Una constatación del horror que se instauró en Chile. El régimen no puede negar de ninguna manera las atrocidades de las que es culpable. A lo largo de esos interminables 17 años de dictaduras, Luis continuará aportando testimonios esenciales de la represión, así como de la lucha heroica de un pueblo queriendo reconquistar su libertad. Huelgas de hambre, manifestaciones en las calles de Santiago, mujeres bailando la tradicional “cueca” solas para protestar por la desaparición de sus compañeros, hambre y represión en los barrios pobres…etc. es una piedra en el zapato para Pinochet.
Es por esta razón que en marzo de 1981 es apresado durante cinco días por los torturadores de la junta militar. A este hombre tímido le repugna hablar de la tortura que ha sufrido. ¿Cómo se puede contar lo impensable? De nuevo ha sabido encontrar el tono justo a través de una foto: su padre anciano, pasando una mano sobre la frente arrugada y sus cabellos después que le ha contado lo que ha vivido durante su detención. Para evitar que otros fotógrafos pasen por esta experiencia, Luis Navarro Vega creará en 1981 junto a una treintena de compañeros la Agencia de Fotógrafos Independientes (AFI), un colectivo que permitirá proteger en la medida de lo posible la integridad física de los fotógrafos-resistentes y cuya historia es retratada en el notable documental “La Ciudad de los Fotógrafos” de Sebastián Moreno.
Después de Lonquen, después de muchas otras fotos del horror, su detención y la tortura Luis Navarro Vega será para siempre un hombre herido. Mientras deambula por Santiago, revive las horas sombrías de la dictadura, ve las atrocidades, las caras de las víctimas. Parece siempre marchar con un peso desmesurado sobre sus hombros. Su voz grave se quiebra en medio de una frase cuando los recuerdos salen a la superficie. Pero este hombre tiene un carácter y una rabia intacta. Él apunta sobre aquellos que han traicionado a las víctimas de la dictadura y los más pobres de los chilenos por medio de esta pseudoizquierda siempre dispuesta a la negociación. Es un atento observador de la reciente lucha de los estudiantes por una educación de calidad y gratuita y es también un ciudadano indignado por la privatización de la seguridad social y de la jubilación. “Somos soñadores” dice a veces recordando la lucha de los años 60/70 para mayor igualdad en Chile.

En este mundo "tan profundamente injusto", Luis Navarro Vega ha encontrado un espacio de felicidad y solidaridad: el mundo de los gitanos, un pueblo perseguido en el mundo y siempre ignorado en Chile.  @LuisNavarroVega

En este mundo “tan profundamente injusto”, Luis Navarro Vega ha encontrado un espacio de felicidad y solidaridad: el mundo de los gitanos, un pueblo perseguido en el mundo y siempre ignorado en Chile.                              @LuisNavarroVega

En este mundo “tan profundamente injusto”, Luis Navarro Vega ha encontrado un espacio de felicidad y solidaridad: el mundo de los gitanos, un pueblo perseguido en el mundo y siempre ignorado en Chile. En 1981, algunos meses antes de ser arrestado, Luis Navarro Vega tuvo un encuentro que le marcó en el plano profesional y personal: tres gitanas estaban apoyadas en la barandilla de un paso del Paseo Ahumada, en el centro de la ciudad de Santiago. Estas chicas componían un magnifico cuadro que el fijo de inmediato en el carrete. Una de ellas, Carmen Milanovic, se convierte en una amiga esencial y le da a conocer su gran familia.
Este encuentro despierta un recuerdo de infancia escondido en su memoria, su compañero Drago, que había aparecido un día en su escuela de Antofagasta y que vivía con su familia en unas tiendas coloreadas. Niño, Luis queda a menudo con su amigo y descubre maravillado “la libertad, la felicidad, la música y la fiesta”. Hasta que el convoy parte de Antofagasta y uno de los alumnos “gadjes” no aparece. Lo encuentran a cientos de kilómetros más al sur, en La Serena, después de haberse escondido para vivir su vida gitana.
Las tres gitanas – primera foto de una larga serie – hace resurgir esta nostalgia de infancia. Pero también es la inauguración de decenios de amistad y proximidad entre Luis Navarro Vega y las familias gitanas – algo muy raro en Chile. Cuando Luis sale, destrozado por su detención, encontrará una segunda familia en los Milanovic, Nicolic, Ramírez y otros gitanos que lo acogieron, lo protegieron e incluso lo escondieron a veces. Se convierte en el “amigo foturi”, el “amigo fotógrafo” en romaní.
“Foturi” es también el título de la exposición que describe so trabajo cerca de los gitanos chilenos organizado en 2014 en el Centro Cultural Mapocho, la antigua estación ferroviaria de Santiago transformada en museo donde Luis Navarro Vega trabaja como responsable de fotografía.
Existe tal cantidad de retratos, escenas familiares y de fiesta que constituyen una obra densa y un testimonio sin igual sobre la vida de los gitanos en Chile y que podemos encontrar en un libro publicado por la editorial Ocho Libros
Al igual que en su trabajo sobre las violaciones a los Derechos Humanos bajo la dictadura, Luis Navarro Vega consigue poner de relieve la humanidad y la libertad de los sujetos. Reencuentra su talento para la pintura en composiciones magnificas como “El té”, inspirado en la escuela holandesa. El blanco y negro da a los sujetos una belleza y una dignidad incomparables, incluso aunque las fotos más recientes se arriesgan con el color para evocar la fiesta, la alegría y toda la riqueza de la cultura gitana. Luis fotografió profusamente a lo largo del tiempo a Carmen Milanovic, su esposo Francisco Nicolic y a sus tres hijos Perla, Coste y Ángelo, este último fue uno de los primeros gitanos chilenos en estudiar en la universidad para convertirse en enfermero.
“La echo a faltar cada día”, dice Luis a propósito de su amiga Carmen, atropellada por un mal conductor al borde de una carretera en 2012.

tres gitanas estaban apoyadas en la barandilla de un paso del Paseo Ahumada, en el centro de la ciudad de Santiago. Estas chicas componían un magnifico cuadro que el fijo de inmediato en el carrete. Una de ellas, Carmen Milanovic, se convierte en una amiga esencial y le da a conocer su gran familia. Las Tres Gitanas  @Luis Navarro Vega

tres gitanas estaban apoyadas en la barandilla de un paso del Paseo Ahumada, en el centro de la ciudad de Santiago. Estas chicas componían un magnifico cuadro que el fijo de inmediato en el carrete. Una de ellas, Carmen Milanovic, se convierte en una amiga esencial y le da a conocer su gran familia.
Las Tres Gitanas
@Luis Navarro Vega

Carmen – que se llamaba en realidad Gladys – está muy presente en la obra fotográfica de Luis Navarro Vega. Profundidad de miradas, dignidad y libertad, magia de samovar, una joven con la falda repleta de estampados con un niño enfurruñado en brazos en medio de la aridez del desierto, preparación de las brasas, fiestas familiares, matrimonios, momentos de fervor, entierros, meandros de arrugas fijas en las caras de las viejas gitanas, trabajo tradicional de caldereros Kalderash en la tierra del cobre, la belleza de tiendas multicolores que hoy tienden poco a poco a ir desapareciendo, el trabajo de Luis Navarro Vega constituye una recopilación excepcional sobre la vida de los gitanos chilenos en estos 30 últimos años.
A los que intentan realizar alguna búsqueda histórica, sociológica o antropológica les diré que no existe ninguna sobre esta minoría de cerca de 10.000 personas en una población de 17 millones de habitantes que tiene Chile, una estrecha banda de tierra de más de 4.300 km de largo, prisionera de la majestuosa barrera de los Andes y de los oleajes del Pacífico. Una minoría de entre ellos son gitanos españoles que hablan el Kaló, de entre ellos algunos pueden ser descendientes de colonos venidos a partir del siglo XVI debido a la persecución de gitanos en España, otros de este grupo Kaló, más numerosos, vinieron huyendo del franquismo.
Pero la gran mayoría de gitanos de Chile son descendientes de los Rroms de los Balcanes, esencialmente de Serbia, Montenegro, Bosnia, Turquía, Grecia y Bulgaria, también de Rusia, que llegaron a América Latina a partir de la segunda mitad del siglo XIX, huyendo de la pobreza y las guerras del Imperio Otomano y el Austro-húngaro y en el siglo XX de la persecución y el genocidio de gitanos durante la II Guerra Mundial. Se lanzaron a los botes pero su odisea a través de los Andes y las Pampas aún está por escribir pero las familias gitanas de Brasil, Argentina, Perú, Bolivia y Chile mantienen una relación fluida hasta el día de hoy, a pesar de las distancias y las vicisitudes de la historia.

Las familias que Luis Navarro Vega conoció sobretodo eran Kalderash.  Foto: El Té @Luis Navarro Vega

Las familias que Luis Navarro Vega conoció sobretodo eran Kalderash.
Foto: El Té @Luis Navarro Vega

Las familias que Luis Navarro Vega conoció sobretodo eran Kalderash. Este grupo es tradicionalmente calderero y en Chile encuentran en abundancia su material predilecto, el cobre. Siguen comerciando con objetos fabricados con este metal a pesar de que esta actividad, así como el comercio de piezas mecánicas, el nomadismo y el semi-nomadismo tiende a desaparecer en el Cono Sur de América Latina (Chile, Argentina y Uruguay). Grandes tiendas ornamentadas son todavía visibles a la salida de las ciudades y pueblos chilenos, sobretodo en la región de Valparaíso (centro) o en la villa natal de Luis Navarro Vega, Antofagasta.
Algunas de estas familias poseen pequeños circos y gitanas de todas las edades, con sus características faldas, sobretodo en el centro de Santiago, Calle Bandera, continúan proponiendo a los viandantes leerles la mano o tirarles las cartas.
Luis también ha sufrido una evolución no deseada de su profesión. Aquel que salía peligrando su vida con la Pentax bajo el blusón considera la aparición de la maquina numérica como “un verdadero desastre”, quien mantuvo la ilusión de que “todo el mundo puede ser fotógrafo”, que lo único que se necesita es “una mirada y talento”. Tiene de que cabrearse ante la falta de alma, de profesión y simplemente de ojo, de numerosos pseudofotógrafos de moda que pueden corregir o modificar imágenes hasta el infinito cuando Luis Navarro Vega pertenece a la escuela de “la verdad del instante”.
Esto no le impide seguir deseando continuar en la fotografía, que es como una segunda piel, esperando que su vista no le jugará malas pasadas. Su proyecto consiste principalmente en completar su serie sobre los gitanos chilenos con un trabajo sobre sus hermanos y primos europeos. Solo esperamos que el trabajo de este gran fotógrafo-resistente se exponga próximamente en Francia, donde él ha vivido y donde tiene a un hijo.
Su trabajo al lado de los gitanos, durante decenios, le ha permitido no solamente establecer sólidos lazos con un pueblo rechazado y perseguido sino también, a nivel nacional y universal, colocar a este pueblo en la realidad histórica, geográfica y social y etnológica de Chile y América Latina. A través de su mirada sobre los gitanos, Luis Navarro Vega está destinado indudablemente a ser también el fotógrafo de la libertad y de la vida. Otra bella victoria sobre la dictadura.

Artículo original en francés de Isabelle Ligner aparecido en Depêche Tsiganes

PARA SABER MÁS:

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4 responses to this post.

  1. Posted by magda on marzo 26, 2015 at 7:26 am

    Magnífico artículo.
    Gracias por este trabajo y por mostrarnos personas de ese nivel humano.

    Responder

    • Posted by Baxtalo on marzo 26, 2015 at 8:09 am

      Muchas gracias Magda, tus palabras me llenan de energía para seguir adelante con esta labor. But baxt sastipen thaj mestipen.

      Responder

  2. Posted by Derek Fernández on abril 8, 2015 at 1:55 am

    Genial articulo de Luis Navarro,
    estoy haciendo un trabajo y necesito contactar a Luis, alguna idea de como llegar?
    Muchas gracias

    Responder

  3. Posted by Gonzalo Ramírez on noviembre 5, 2015 at 8:24 am

    Luis Navarro es por sobre todo un hombre profundamente valiente y a quien admiro por su capacidad de sobreponerse a la infamia. Su compromiso con lo más noble de la humanidad, como es la defensa del perseguido y del más débil como asimismo su amor por la fotografía y el arte hacen de él una persona sobresaliente.

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