Leonarda Dibrani, icono de romafobia

Leonarda es el símbolo de la romafobia en estos momentos, su historia ha saltado a los medios, una de las pocas que conocemos y que hemos convertido en humana, ponemos nombre y cara... pero ¿cuantas desconocemos? ¿Cuantas no han sido denunciadas?

Leonarda es el símbolo de la romafobia en estos momentos, su historia ha saltado a los medios, una de las pocas que conocemos y que hemos convertido en humana, ponemos nombre y cara… pero ¿cuantas desconocemos? ¿Cuantas no han sido denunciadas?

Leonarda es el símbolo de la romafobia en estos momentos, su historia ha saltado a los medios, una de las pocas que conocemos y que hemos convertido en humana, ponemos nombre y cara… pero ¿cuantas desconocemos? ¿Cuantas no han sido denunciadas?

Leonarda es la punta del iceberg del odio antiromaní que está extendido en toda Europa.

El caso de Leonarda en Francia ha generado una ola de indignación y protesta por este vergonzoso caso de violación de los derechos humanos y del menor. En Francia los estudiantes han salido a la calle en solidaridad y en España FAKALI ha tomado la iniciativa de convocar diversos actos el próximo 28 de octubre a las 18 horas en todos los consulados y embajadas francesas  (descargar manifiesto) a los que se han ido sumando otras organizaciones sociales y personas particulares, también algunos profesionales de los medios han dedicado artículos y palabras de condena contra el gobierno francés y su supuesta política “socialista” que, refiriéndonos a las expulsiones de personas romanís, no ha variado con respecto a la de Sarkozy.

En España FAKALI ha tomado la iniciativa de convocar diversos actos el próximo 28 de octubre a las 18 horas en todos los consulados y embajadas francesas .

En España FAKALI ha tomado la iniciativa de convocar diversos actos el próximo 28 de octubre a las 18 horas en todos los consulados y embajadas francesas .

En estos días que me encuentro en Poznan (Polonia), participando en un encuentro internacional “Democracy? Now!” que analiza la salud democrática en Europa y el ascenso de los populismos y la ultraderecha. Y es precisamente en esta ciudad, durante el transcurso de esta actividad, que he tenido la oportunidad de hablar con algunas de las personas que tienen implicación directa con varias Ong’s de acción social donde me han puesto al corriente de otro caso de racismo antiromaní que no ha visto la luz pública porque ha pasado desapercibido como tantos otros.

En Polonia, como en otros países los Rroma nos enfrentamos también a la violencia racista por lo que se hace imprescindible la existencia de organizaciones que trabajan facilitando asistencia jurídica, apoyo escolar y mediación con las instituciones. Varios grupos de personas romanís viven en situaciones de extrema pobreza, en su mayoría inmigrantes, con serias dificultades para encontrar trabajo y hacer uso de los servicios que están  disposición de la ciudadanía, su estado es de absoluta desprotección.

El caso del que os voy a hablar ha sucedido recientemente en Poznan y he conocido gracias a los compañeros y compañeras activistas de ROZBAT.

Nicolae, un niño de 12 años de edad se encontraba jugando y pisó un clavo oxidado, nada anormal, un accidente que puede sucederle a cualquiera. El clavo causo una herida profunda que motivo  a los padres del menor a llevarlo al hospital de Krysiewicza para que le colocaran la vacuna contra el tétanos y prevenir futuras infecciones donde se la derivó  un hospital infantil, donde la funcionaria de turno, de alas maneras y en un actitud despreciativa, ordenándoles que se marcharan porque había “una cola demasiado larga”, de esta manera, el niño se incorporó al día siguiente a sus actividades escolares donde la pierna afectada comenzó a hincharse de manera preocupante y dolorosa impidiéndole caminar con normalidad.

Gracias a los y las activistas de Rozbat he conocido el caso de romafobia que tuvo lugar en Poznan recientemente con Nicolae de 12 años.

Gracias a los y las activistas de Rozbat he conocido el caso de romafobia que tuvo lugar en Poznan recientemente con Nicolae de 12 años.

El chico volvió al hospital de Krysiewicza solo que esta vez fue acompañado por activistas donde,  puerta cerrada, hablaron con el médico de guardia que se negó a visitar a Nicolae y además demando que se le pagar por el servicio de atención. Una grave negligencia que podría, llegado el caso, producir un mal mayor que podía concluir con el amputamiento del miembro, por ello se le exigió que administrara al menor la vacuna antitetánica, ante lo que el médico mantuvo su posición de negativa y comenzó a proferir insultos racistas contra la familia.

Seguido a este episodio se dirigieron a otro hospital que si admitió al chico y le proporciono las curas necesarias.  Afortunadamente y gracias a la mediación de estos activistas y a la ayuda de un periodista, se dirigieron de nuevo al primer hospital donde le había sido negada la asistencia sanitaria. A su llegada al hospital la recepcionista se limitó  a decir que ese niño carecía de documentación, que era un refugiado y que no tenían ningún tipo de responsabilidad sobre el paciente.

Como vemos el caso de Leonarda no es único ni es un hecho aislado, forma parte de una atmósfera imperante de romafobia y antigitanismo que nos invade. Me inquieta  que con el caso de Leonarda, que se ha convertido por el momento en el icono del antigitanismo, pase como ha sucedido con tantas modas reivindicativas pasajeras que se provocan por su aparición en los medios pero que no inciden en una transformación, una solución real.

Como vemos el caso de Leonarda no es único ni es un hecho aislado, forma parte de una atmósfera imperante de romafobia y antigitanismo que nos invade.

El problema es que el niño si tenía papeles y toda la argumentación que manejaban, por tanto, era falsa. El hospital ha decidido mantener en secreto la identidad del médico que se negó  a atender al niño pero, contradictoriamente a este ocultamiento, declinan toda responsabilidad.

Hace unos días tan solo también la prensa internacional se hacía eco de la búsqueda de la niña desparecida hace unos años en España, Madeleine, que fueron a buscarla a un campamento romaní, donde, por supuesto no estaba, lo mismo ha sucedido en Dublín con otro caso, ¿cuál fue el origen de la sospecha? Que las niñas eran rubias. De nuevo estereotipos y acusaciones carentes de fundamento.

Como vemos el caso de Leonarda no es único ni es un hecho aislado, forma parte de una atmósfera imperante de romafobia y antigitanismo que nos invade. Me inquieta  que con el caso de Leonarda, que se ha convertido por el momento en el icono del antigitanismo, pase como ha sucedido con tantas modas reivindicativas pasajeras que se provocan por su aparición en los medios pero que no inciden en una transformación, una solución real.

Me preocupa que nos focalicemos en el caso de Leonarda y olvidemos la universalidad del problema. Hace tres años sufríamos, se nos encogía el corazón con Haití, todos éramos haitianos e interiorizamos el dolor de un pueblo, nos indignó la falta de respuestas pero hoy, tres años después, los haitianos siguen sufriendo lo indecible solo que ya nadie se acuerda. Quizás sea el momento de no ser solo reactivos sino apostar por ser pro-activos.

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