Egipto, opinión de un observador o/accidental

La primera impresión al llegar a la Plaza Tahrir fue de excitación, ver tanta gente, tanta actividad, la ciudadanía había tomado las calles…

La primera impresión al llegar a la Plaza Tahrir fue de excitación, ver tanta gente, tanta actividad, la ciudadanía había tomado las calles…

¿A quien no se le retuerce el alma con las últimas cifras de muertos en Egipto?, a mi me preocupa, no solo como alguien que se interesa por la paz mundial sino también por vinculaciones personales y afectivas, tengo muy buenos amigos y amigas que residen ahí y hace un par de años, con la llegada de la Primavera Árabe, tuve la oportunidad de poder viajar a este país. Lejos de lo que se esperaría no acudí para contemplar las pirámides ni a recorrer el Nilo sino a intentar entender la realidad un tanto compleja que había quedado tras la revolución.

Para mí, como activista y firme defensor del poder de la ciudadanía activa esta era una oportunidad única de aprendizaje, de conocimiento, de asistir “in situ” al lugar de una revolución.

 Cuando queremos analizar algo, sobre todo cuando no se está presente en el lugar, se intenta siempre mantener una distancia prudencial que nos permite teorizar sin sentirnos implicados directamente, partiendo de la entelequia para analizar a un nivel meta y no dejarse contaminar por los primeros arranques de sentimiento. Por esa razón este viaje a Egipto resultaba tan esperanzador para mí, me permitía embarrarme los brazos hasta el codo y tener una información de primera mano, poder formularme ideas sin mediaciones. Además contaba con la ayuda de mi buen amigo Hossam, al que conozco de muchos años, que me podía hacer de traductor, facilitador y mostrarme esas partes que escapan a la visión del turista que llega para comprar papiros, escarabajos e imitaciones de primeras marcas.

A la hora que tomé esta foto la plaza estaba tranquila pero hacía unos minutos que se había producido una gran manifestación. Los espacios que conducen hasta la plaza estaban repletos de puestos con motivos revolucionarios y caricaturas de Mubarak.

A la hora que tomé esta foto la plaza estaba tranquila pero hacía unos minutos que se había producido una gran manifestación. Los espacios que conducen hasta la plaza estaban repletos de puestos con motivos revolucionarios y caricaturas de Mubarak.

Este amigo mío además siempre ha tenido gran interés por la política y habiendo sido derrocado el tirano Mubarak inmediatamente se puso en activo. Ya en su juventud había participado en movimientos de revuelta desde la universidad. Gracias a esta implicación directa de este amigo mio en uno de los varios partidos políticos que surgían al calor de la esperanza de democracia, pude tomar contacto también con diferentes sectores del partido, otras formaciones y conocer al bloguero precursor de la revolución.

 Visitaba a diario la Plaza Tahrir, digamos más bien que casi vivía ahí puesto que estaba alojado en un hotel situado a pie de plaza, en la misma habitación que usó la cadena BBC para hacer las retransmisiones de la revolución.

La estancia tendría una duración de unos 20 días y había previsto que comenzara un poco antes del Ramadán y finalizara durante el mismo.

La primera impresión al llegar a la Plaza Tahrir fue de excitación, ver tanta gente, tanta actividad, la ciudadanía había tomado las calles… sentía como si todo el mundo estuviera concienciado y el debate político se librara en las calles, veía mujeres dando discursos en la plaza y me sentí embriagado, sentía libertad. Un movimiento juvenil, ciudadano y laico derrocaba a un tirano. En ese momento percibía las revoluciones que iban surgiendo en diferentes lugares del planeta como las notas del inicio de una sinfonía de cambios, la banda sonora del final de este sistema antropófago. Claro… era el primer día.

La población, en general, vivía en la algodonosa nube de haber acabado con el tirano en una revolución que se realizó de manera pacífica en comparación a otros países vecinos. El ejército no había abusado, se confiaba en su poder libertador… eso siempre me olió mal, con sinceridad, no creo en la bondad ni el pacifismo si hablamos de fuerzas militares, llámenlo prejuicio pero la historia no hace más que darnos ejemplos de regímenes militares opresores.

Tampoco creo en sistemas teocráticos donde la religión abandone su espacio privado para irrumpir en la dirección política de un país. Está claro que todos y todas tenemos una influencia cultural por el contexto donde nacemos y esa influencia cultural se manifiesta en diversos planos, desde la gastronomía, al sistema de valores, la religión… y que eso además tiene un reflejo político y organizativo en la sociedad, eso es una cosa, pero de ahí a un gobierno que se base en las interpretaciones más o menos conservadoras y arbitrarias de un sector “iluminado” es algo bien distinto.

En aquel momento de ebullición todo el mundo sabía de política, todo el mundo tenía algo que decir, que aportar, que discutir. Me recordaba, aunque yo era muy pequeño, al ambiente que se respiraba con nuestra recién estrenada democracia en España en los finales de los 70 y principios de los 80. Todo era política y tenía relación con ella, lo sociedad entera estaba impregnada.

La plaza era un gran centro de vida, no solo política, también la gente intentaba  ganarse la vida vendiendo camisetas, banderas y todo tipo de "productos" relativos a la Revolución.

La plaza era un gran centro de vida, no solo política, también la gente intentaba ganarse la vida vendiendo camisetas, banderas y todo tipo de “productos” relativos a la Revolución.

La diferencia esencial es que en España los partidos políticos habían tenido, en su mayoría, una estructura en la clandestinidad y su llegada fue como un retorno, pero no ocurrió así en Egipto donde la única estructura en la clandestinidad era la de los “hermanos musulmanes”. La persecución de este grupo hizo que desarrollaran un importante entramado de conexiones, una estructura y una propuesta. El resto de partidos democráticos en Egipto, en ese momento, pasaban el tiempo tratando de organizar sus ideas, de presentar propuestas en base a sus ideales, pero antes debían ponerse de acuerdo en cuales eran esos ideales. Esto provocó una atomización de partidos, una cantidad enorme, cargados de matices diferenciadores a veces no demasiado claros, que establecían largos debates ideológicos, en un país donde el analfabetismo y la pobreza están al orden del día.

Mientras intelectuales y políticos se enzarzaban en esas profundas discusiones sobre principios y conceptos, la clase media y con ciertos posibles se había cansado de la revolución porque había alejado al turismo, porque las vías principales estaban cortadas y ya habían pasado muchos meses desde aquel 25 de enero sin que pareciera que la nueva sociedad egipcia tomara forma, ya se oían en aquel entonces voces que susurraban su apoyo al ejercito como instrumento para volver a la “normalidad”.

Los Hermanos Musulmanes, mejor organizados y con estructura de resistencia supieron echar mano del populismo mientras intelectuales-políticos intentaban aclararse. Foto de la marcha del 29 de julio.

Los Hermanos Musulmanes, mejor organizados y con estructura de resistencia supieron echar mano del populismo mientras intelectuales-políticos intentaban aclararse. Foto de la marcha del 29 de julio.

Los Hermanos Musulmanes, mejor organizados y con estructura de resistencia supieron echar mano del populismo y mientras intelectuales-políticos se aclaraban ellos se dedicaron a vender su producto a una población donde el peso de la religión es muy significativo y que como hemos dicho anteriormente sufre graves carencias. Aprovecharon el mes de Ramadán para acudir a las mezquitas y los barrios portando alimentos regalados o a muy bajo precio, lo que les granjeo las simpatías de una población hambrienta de comida y de instrucción. Los hermanos musulmanes no iniciaron la revolución, ni siquiera fueron punta de lanza, pero han sido los grandes beneficiarios.

La cuestión se veía muy clara y los sectores más moderados, algunos de ellos, trataban de tomar como ejemplo la transición española, querían crear un gobierno plural con lo que sería algo parecido a un “centro-derecha” donde los hermanos musulmanes “moderados” llegarían al poder, algo que tampoco vi claro jamás. Las fórmulas que funcionan en un país no tienen por qué funcionar en otro, no es una plantilla que puedas mover a voluntad, no es una poción mágica infalible y el caso de España es como poco particular.

Sin embargo, era inevitable el ascenso de los Hermanos Musulmanes, las circunstancias jugaban a su favor. Fue muy impresionante para mi observar una concentración enorme de Hermanos Musulmanes, 2 millones, el último viernes antes del Ramadán, el 29 de julio, en la Plaza Tahrir. Venían por miles de diferentes lugares del país. Si debo hablar con absoluta franqueza me sentí cohibido, como en una gran concentración de la derecha a la que uno llega por equivocación… no me sentí cómodo. Los dueños del hotel que eran en su mayoría cristianos coptos no participaban, claro está, de la concentración. Tampoco vivían con miedo ni había ningún problema entre los trabajadores, ya fueran coptos o musulmanes. Esa es otra gran falacia que pretenden vendernos, los conflictos entre ellos se solían producir en barrios, son conflictos en su mayoría de carácter personal donde la cuestión religiosa no es un factor incitador ni el definitivo, lo que no quiere decir que la sombra del prejuicio no exista.

La percepción de la revolución pasados unos meses ya no era tan entusiasta, de hecho el símbolo de la Plaza Tahrir empezaba a ser utilizado como reclamo turístico, no era raro hallar réplicas de la misma en las tiendas de artesanía.

Los militares arrasando el símbolo de la revolución. En menos de 10 minutos todo esta destruido, lo que había durado meses se convierte en un montón de basura. 1 de agosto 2011.

Los militares arrasando el símbolo de la revolución. En menos de 10 minutos todo esta destruido, lo que había durado meses se convierte en un montón de basura. 1 de agosto 2011.

La organización en la plaza era bastante estricta, se habían habilitado un par de entradas y salidas que eran controladas por grupos de jóvenes con el fin de prevenir los robos y evitar también que la situación se desmadrase, en el interior de la plaza estaba la parada de metro y era la arteria principal del tráfico de El Cairo. Pero como decía antes, los comerciantes, clase media, estaban ya hartos de una situación que parecía prolongarse demasiado, por eso la llegada del ejército se tomó como un principio de solución y el 1 de agosto de 2011 toman la plaza. En menos de 10 minutos todo es arrasado, lo que había durado meses se convierte en un montón de basura.

Hasta aquí lo que puedo relatar en primera persona por haber estado ahí, el transcurso posterior ya es un seguimiento desde España. Después de esta experiencia y sentirme firme defensor de la revolución y del cambio, intento mantener el interés e intento filtrar lo que llega desde ahí.

En las elecciones de 2012 Morsi se presenta como candidato por el Partido Libertad y Justicia, en realidad como cabeza de lista se propuso primeramente a un moderado, Khairat-El-Shater, pero lo echaron para atrás por ser “demasiado moderado” por tanto se eligió a Morsi como representante que necesitó de dos vueltas de votación quedando como vencedor en las últimas del 16 y 17 de junio de 2012.

Ya en el poder desarrolla su pensamiento y empieza a tomar medidas. La violencia sexual contra las mujeres que protestaban en Tahrir son muestras más que evidentes de como se trata de “reconducir” a los y las díscolas contra el gobierno, imponen por la fuerza medidas basadas en sus planteamientos obtusos y abusa de la confianza que se le otorga como iniciador de la democracia y jefe del estado. Una pésima gestión que estaba ya conduciendo a Egipto a la gestación de una revuelta. No hay nada que justifique las acciones de Morsi, autoritario, impositivo y parcial.

Se hacía necesaria una acción pero, ¿era un golpe de estado la acción que se precisaba?

Se hacía necesaria una acción pero, ¿era un golpe de estado la acción que se precisaba?

En un principio las noticias que nos llegan de la situación en Egipto nos llegan confusas, se habla de un golpe de estado y otras personas lo niegan. Yo, personalmente no lo tenía claro, por eso me comunique con mis amigos y amigas en El Cairo, esperando algo de luz sobre lo que nos llegaba España. La respuesta no se hizo esperar, mis amistades me aseguraban, con ingenuidad, que no se trataba de un golpe de estado, yo me lo creí. Tan mala había sido la gestión y las noticias que nos llegaban sobre Morsi que pensaba que estaba teniendo lugar una nueva revolución que hilaba el progreso de la última, no sé si pecaba de cándido, no sé si mis amistades confiaban en lo que decían, yo creo que si, y eran tan inocentes como yo, por lo que he sufrido una evolución en mis planteamientos iniciales.

Se hacía necesaria una acción pero, ¿era un golpe de estado la acción que se precisaba?  Evidentemente no, guste o no las elecciones se ganaron democráticamente y el método de sustitución, por tanto, debería de pasar por ese filtro democrático.

 Ejemplos de las consecuencias de arrebatar el poder por la fuerza las tenemos en los dramáticos sucesos que comenzaron en el año 1992 en Argelia con el derrocamiento del FIS. Por todos y todas es sabido la época de terror y barbarie que vino después.

Este golpe de estado ha radicalizado las posturas, ha creado un lodazal entre las apetencias occidentales y los intereses neoliberales, y ha creado un clima de violencia y frustración generalizada.

Este golpe de estado ha radicalizado las posturas, ha creado un lodazal entre las apetencias occidentales y los intereses neoliberales, y ha creado un clima de violencia y frustración generalizada.

Los Hermanos Musulmanes dejaron las armas en los años 60, no está en su intención retomarlas, pero hay muchos grupúsculos radicales que se mueven en su entorno de los que no dudo que hicieran una llamada a la lucha armada y eso supondría la llegada de una guerra civil sangrienta que sumiría al país en una situación económica miserable y una realidad social que tardaría décadas en normalizarse.

Este golpe de estado ha radicalizado las posturas, ha creado un lodazal entre las apetencias occidentales y los intereses neoliberales, y ha creado un clima de violencia y frustración generalizada. En definitiva el golpe militar castrense ha finalizado con el proceso democrático y se corre el peligro de haber derrocado a un tirano, Mubarak, y de instaurar una nueva tiranía y que esos dos años de reajuste democrático queden relegados a la nada.

Confío en el Pueblo Egipcio y en su responsabilidad, por el momento los que se sienten más felices de este Golpe de Estado son Estados Unidos que se manifiesta comprensivo con los militares e Israel que ve con sumo agrado las primeras medidas que ha tomado el ejército de bloquear los túneles que servían para introducir clandestinamente ayudas a Palestina.

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3 responses to this post.

  1. Posted by RRDC on agosto 16, 2013 at 7:34 pm

    Gracias, Deme!!!

    Responder

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