13 ROSAS: Que mi nombre no se borre de la historia

El día 5 de agosto de 1939, trece mujeres jóvenes son asesinados por el fascismo.

El día 5 de agosto de 1939, trece mujeres jóvenes son asesinados por el fascismo.

El 5 de agosto de 1939 eran fusiladas trece adolescentes militantes de las JSU (Juventudes Socialistas Unificadas), junto a cuarenta y siete compañeros, en las tapias del cementerio del este de Madrid, desde entonces el pueblo las conoce por las “TRECE ROSAS” .
Fueron juzgadas el día 3 de agosto, en juicio sumarísimo, a puerta cerrada, y condenadas el mismo día a morir en un plazo de setenta y dos horas, y sin esperar a cumplir dicho plazo fueron ejecutadas.
Habían pedido morir junto a otros compañeros/as que iban a ser fusilados ese día, pero sus verdugos no accedieron a concederlas ese último deseo.
Cuando recibieron la noticia de su condena, las jóvenes, dando prueba de una serenidad admirable, distribuyeron sus pertenencias entre las reclusas, tuvieron el valor de lavarse y peinarse, se pusieron sus más bonitos vestidos y esperaron con firmeza y sangre fría que vinieran a conducirlas a la capilla. Ya en capilla, les autorizaron a escribir una carta a sus familiares, y cada cual empezó a componer aquel recuerdo que hablaría de la monstruosa injusticia cometida.
Consolaron a las otras reclusas que lloraban, asegurando que se sentían felices de dar su vida por una causa justa. Cuando vinieron sus verdugos las trece mujeres salieron gritando “VIVA LA REPÚBLICA”.

Las 13 ROSAS fueron:

Las mujeres jugaron un papel fundamental en la lucha republicana, da una nueva imagen de la mujer y su participación en la sociedad, es una compañera en la organización y en la lucha política.

Las mujeres jugaron un papel fundamental en la lucha republicana, da una nueva imagen de la mujer y su participación en la sociedad, es una compañera en la organización y en la lucha política.

– Carmen Barrero. 20 años. Modista. Cuarta por edad de los nueve hijos de una modesta familia del barrio de Cuatro Caminos. Su padre murió años antes de que estallara la guerra, dejando a su mujer y a sus hijos en una precaria situación económica, que obligó a Carmen a trabajar desde los 12 años. Militante del PCE, en el que era conocida como Marina, utilizaba la identidad falsa de Carmen Iglesias Díaz. Tras el final de la guerra su amigo Francisco Sotelo Luna le propuso continuar con el trabajo clandestino como responsable femenina del partido en Madrid, y como tal elaboró un plan de trabajo para las mujeres.

– Martina Barroso. 24 años. Modista. Militante de la JSU, durante la guerra cosió en uno de los talleres de la Unión de Muchachas, confeccionando ropa para los soldados. Tras el final de la contienda fue captada por Julián Muñoz Tárrega para que se incorporara al sector de Chamartín de la Rosa.

– Blanca Brisac. 29 años. La mayor de tres hermanas, hijas de un próspero empresario francés. Casada con Enrique García Mazas, a quien conoció en la banda de música en la que tocaban a pie de pantalla en el cine Alcalá para amenizar las películas mudas. Él tocaba el violín y ella el piano. El matrimonio tenía un hijo, Enrique, de 11 años de edad en 1939. No militaba en ninguna organización política.

El bando republicano luchó por la legitimidad de un gobierno electo frente a los golpistas fascistas que hicieron correr rios de sangre en una guerra fraticida por el poder.

El bando republicano luchó por la legitimidad de un gobierno electo frente a los golpistas fascistas que hicieron correr rios de sangre en una guerra fraticida por el poder.

– Pilar Bueno. 27 años. Modista. Al poco de iniciada la guerra se afilió al PCE y trabajó como voluntaria en una de las numerosas casas cunas abiertas para recoger a los niños huérfanos y atender a los hijos de los milicianos que iban al frente. Fue elegida para formarse como dirigente en la Escuela de Cuadros del partido y nombrada secretaria de organización del Radio Norte. Al acabar la guerra fue contactada por Federico Bascuñana para colaborar en la reorganización de los comunistas y encargada de crear ocho sectores en la capital: Norte, Sur, Este, Oeste, Chamartín de la Rosa, Guindalera, Prosperidad y Vallecas.

– Adelina García Casillas. 19 años. Era conocida como la mulata por su piel morena y sus labios gruesos. Amiga de Julia Conesa y militante también de la JSU. Una vez encarcelada trabajó como cartera en la prisión de Ventas.

– Elena Gil. 20 años. Ingresó en la JSU en 1937. El final de la guerra le pilló en Murcia, desde donde regresó a Madrid a primeros de abril de 1939. Una vez en la capital su amigo Rafael Muñoz Coutado le propuso continuar trabajando para el partido. Se integró junto a Victoria Muñoz en uno de los grupos creados en el sector de Chamartín de la Rosa que era dirigido por Sergio Ortiz.

– Virtudes González García. 18 años. Modista. Se afilió a la JSU al poco de estallar la guerra. Su novio, Valentín Ollero, fue nombrado responsable del Radio Oeste de las juventudes al acabar la contienda y ella hizo de enlace entre éste y la dirección madrileña de las mismas.

– Ana López Gallego. 21 años. Modista. Era la mayor de cuatro hermanos. Militante de la JSU, durante la guerra fue secretaria femenina del Radio de Chamartín de la Rosa. Tras la entrada de las tropas nacionales en Madrid su amigo Julián Muñoz Tárrega le propuso que se reincorporara a las juventudes como miembro de un grupo dirigido por Sergio Ortiz, del que también formaba parte otras tres ‘rosas’: Martina Barroso, Victoria Muñoz y Elena Gil Olaya.

– Joaquina López Laffite. 23 años. La más pequeña de cinco hermanos huérfanos de padre y madre desde 1931. Se afilió a la JSU en septiembre de 1936, y tras acabar la guerra fue nombrada secretaria femenina del Comité Provincial clandestino.

Durante la Guerra Civil, pero, sobre todo, en la inmediata posguerra, multitud de mujeres republicanas fueron vejadas, violadas y represaliadas impunemente.

Durante la Guerra Civil, pero, sobre todo, en la inmediata posguerra, multitud de mujeres republicanas fueron vejadas, violadas y represaliadas impunemente.

– Dionisia Manzanero. 20 años. Tercera por edad de los seis hijos de una familia del barrio de Cuatro Caminos. Su padre era militante de la UGT. Se afilió al PCE en abril de 1938, después de que un obús matara a su hermana Pepita y a otros niños que jugaban en un descampado próximo al domicilio familiar. Amiga de Pilar Bueno, al acabar la guerra fue elegida para que hiciera de enlace entre los dirigentes del partido que quedaron en la capital.

– Victoria Muñoz. 18 años. Pertenecía a la JSU desde 1936. Al acabar la guerra se encontró con su amigo Julián Muñoz Tárrega, quien le incorporó al grupo que dirigía Sergio Ortiz en el sector de Chamartín de la Rosa.

– Luisa Rodríguez de la Fuente. 18 años. Sastra. Ingresó en la JSU en 1937, donde nunca ocupó cargo alguno, hasta que al acabar la guerra Julián Muñoz Tárrega le propuso crear un grupo que ella misma debía dirigir. Cuando fue detenida tan sólo había tenido tiempo de convencer a su primo Isidro Hernández de la Fuente.

– Julia Conesa. 19 años. Modista. Se afilió a la JSU a finales de 1937 para seguir sus cursos de gimnasia y deportes. Durante la guerra trabajó como cobradora de tranvías.

De esta última copio una carta que escribió a su familia el dia 5 de agosto de 1939:

Quedan como testimonio de la crueldad cometida las desgarradoras cartas escritas por las condenadas a los familiares como despedida.

Quedan como testimonio de la crueldad cometida las desgarradoras cartas escritas por las condenadas a los familiares como despedida.

“Madre, hermanos, con todo el cariño y entusiasmo os pido que no me lloreis nadie. Salgo sin llorar. Cuidar a mi madre. Me matan inocente, pero muero como debe morir una inocente.
Madre, madrecita, me voy a reunir con mi hermano y papá al otro mundo, pero ten presente que muero por persona honrada.
Adiós madre querida, adiós para siempre.
Tu hija que ya jamás te podrá besar y abrazar.

Julia Conesa.

Besos para todos, que tu ni mis compañeras lloreis.
Que mi nombre no se borre en la historia”

Sin embargo, toca hacer una pequeña corrección histórica, porque fueron 14 las chicas condenadas a muerte en aquel juicio-consejo de guerra; la otra fue Antonia Torres, pero cuando pasaron a los carceleros los nombres de los que debían ser “sacados” aquella madrugada de la cárcel, hubo un error, y en lugar de escribir Antonia, escribieron Antonio, por lo que se pensó que fue un error y Antonia permaneció en la cárcel de ventas. Sin embargo, 6 meses después se dieron cuenta del error y la fusilaron en el mismo cementerio que a sus compañeras. Esta chica tenía sólo 18 años.

Mantener viva la memoria, nos refuerza en la lucha y en la convicción de que tenemos la obligación de combatir la injusticia, es quizás nuestra única garantía de que la historia no se vuelva a repetir.      ¡¡NO PASARÁN!!

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