JOHANN TROLLMAN, EL RrOMA QUE PUSO EN RIDÍCULO AL NAZISMO

Una de las escasas imágenes que se conservan de la familia de Johann Trollman “Rukeli”

Hannover, Alemania, 27 de diciembre de 1907. En el seno de una familia gitana que había abandonado el nomadismo y que se instalaron en Hannover a comienzos del siglo XX nace Johann Wilhelm Trollmann. Es escuchimizado, sus padres Wilhelm y Friederike le sacaron el mote de “rukeli”. “Ruk” significa en el idioma Sinti y/o Romà: árbol (también tiene la acepción de libro). Era un niño inquieto que a los ocho años comenzó a meter la nariz en los gimnasios del barrio. Empezó a boxear de niño en el club Heros de Hannover y poco a poco, gracias a un entrenador judío llamado Erich Seelig, se hizo con un nombre, ganando cuatro campeonatos regionales y participando en los nacionales. Tenía buenas condiciones y sus progresos no tardaron en verse. Comenzó a ganar pequeños títulos, compitió en los Nacionales de Alemania e incluso estuvo a punto de ir, con 21 años, a los Juegos Olímpicos de Estocolmo en 1928. Su condición de gitano se lo impidió. En una decisión política la Federación Alemana optó por enviar en su peso a uno de los rivales a los que Trollman ya había derrotado. La excusa oficial que recibió el púgil por su caprichosa exclusión fue que su estilo “no era demasiado alemán”. «Afeminado», o «Nada que ver con el boxeo ario» fueron algunas de las “joyas” destinadas a él en 1932por el Völkischen Beobachter (El Observador Popular), periódico oficial del Partido Nazi.

Rukeli, tercero por la derecha con el equipo de la ciudad de Hannover en 1928.

Aquel revés no frenó el deseo de Rukeli de triunfar en el deporte. Decidió hacerse profesional y marcharse a Berlín, donde se celebraban más veladas y se movía mucho más dinero. A pesar de su escasa musculatura, compitió en los semipesados y gracias a su velocidad en el ring y a su juego de piernas, pudo hacer frente a auténticos matones. No era un tipo con un físico espectacular, pero su estilo le hacía diferente. En un tiempo en que la escuela alemana buscaba únicamente “pegadores”, gente que apenas se moviese pero que tuviese un puño de acero, Trollman era todo lo contrario: un boxeador dinámico, ligero, que no paraba un instante de moverse y que presumía de un juego de pies único y que fue bautizado como el “Baile de Trollman”. A los dirigentes, tanto políticos como deportivos, no les gustaba aquel estilo, pero conectaba con el público y el púgil de Hannover comenzó a ganarse cierta popularidad.

Llegados a este punto, en 1933 (el año en el que Hitler accedió al poder), a Trollmann se le presentó la oportunidad de competir por el título alemán. Su oponente era un tiparraco llamado Adolf Witt, un pegador más grande que el propio Trollmann. Pero muy rígido No era la primera vez que se enfrentaban. En sus tres combates anteriores, cada uno de ellos había ganado un combate y hubo un empate. Eran tiempos funestos para Alemania. Los nazis acababan de llegar al poder y gente como Trollman no estaban precisamente entre los favoritos del régimen. El combate se disputó a finales de año en Berlín con numerosos dirigentes del partido en las primeras filas.

No era un tipo con un físico espectacular, pero su estilo le hacía diferente, era un boxeador dinámico, ligero, que no paraba un instante de moverse y que presumía de un juego de pies único y que fue bautizado como el “Baile de Trollman”.

El gitano dominó el combate de forma abrumadora. Su rapidez de piernas, sus cambios de ritmo, sus fintas le permitían evitar la mayoría de golpes lanzados por Witt mientras él impactaba una y otra vez en el rostro de su rival. El público enloquecía con el espectáculo que estaba ofreciendo. Sin embargo, una vez finalizado el combate que claramente había ganado a los puntos los jueces lo declararon nulo. Se armó entonces un alboroto enorme en el pabellón, el público reclamó lo que pertenecía a Trollman y los jueces, por miedo a ser linchados, acabaron por reconocer la victoria de Rukeli que, emocionado, rompió a llorar sobre el propio ring. Precisamente por eso, a la semana del combate, le llegó una carta de la Federación Alemana anunciándole que le quitaban el título por “comportamiento vergonzoso” (por llorar, vamos). La prensa especializada apoyó tan injusta decisión, ya que consideraban que los campeones de boxeo “no corren”. 

Para acabar con la fama de Trollmann, las autoridades decidieron meses después organizar un combate con Gustav Eder, un boxeador pronazi famoso por la potencia de sus golpes. Para que el resultado fuera satisfactorio, la Federación le comunicó que si no quería perder la licencia debería luchar “como un verdadero alemán”, es decir, la Federación exigió a Trollmann a que ¡no se moviera en el ring!, ya que si lo hacía sería revocada su licencia. La idea era que Eder pudiera golpear tranquilamente al gitano para que la raza aria prevaleciera. Pero no tenían ni idea lo que Trollmann tenía preparado.

Trollman tuvo entonces un gesto para la historia, que acredita su grandeza. Ante el asombro de los espectadores y la indignación de las autoridades, se presentó en el ring con el pelo teñido de rubio y el cuerpo completamente blanco tras cubrirlo de harina. Todo el mundo quedó en silencio. El mensaje era claro: “¿Así os parece que soy más alemán?”. Si querían un verdadero alemán, él les daría uno. Una vez allí cumplió con el guión marcado. No se movió y Eder le golpeó con saña durante cinco asaltos hasta que lo tumbó. 

Ese fue, en sentido estricto, el final de Trollmann como púgil profesional. Siguió peleando, pero ya no era él. La Federación le prohibió usar su estilo y estaba obligado a pelear quieto. Y por si fuera poco, cuando iba ganando los combates, en las pausas un funcionario del partido se acercaba a su esquina y le advertía: “¡Gitano, túmbate! ¡Túmbate o iremos a por tu familia!”. Esta insostenible situación le obligó a pelear en ferias y circos. Cuando esto llegó a oídos de la Federación Alemana, su licencia fue revocada.                                                                                                                                                                               

Rukeli se presentó en el ring con el pelo teñido de rubio y el cuerpo completamente blanco tras cubrirlo de harina. Todo el mundo quedó en silencio. El mensaje era claro: “¿Así os parece que soy más alemán?”.

En 1935 optó por el divorcio, su mujer no era Rromaní, para que su familia pudiese librarse de su apellido y tener una mínima posibilidad en la vida. Las cosas se estaban poniendo muy mal para los gitanos en aquella Alemania desquiciada. En 1938 fue esterilizado junto a miles de gitanos. Al año siguiente, Johann Trollmann fue obligado a alistarse en el Ejército y fue enviado al terrible frente del Este, a vérselas con los soviéticos en unas condiciones penosísimas. Sobrevivió, no obstante, a la guerra, y en 1942 pudo disfrutar de un permiso y regresar a Alemania, pero entonces se firma el Decreto de Auschwitz que equipara a los gitanos con los judíos. Al poco de llegar a casa, la Gestapo lo detuvo y lo envío al campo de concentración de Neuengamme, cerca de Hamburgo. Se convirtió en el preso 721/1943. Allí lo que le esperaba aún era peor.

En 1938 fue esterilizado junto a miles de gitanos. Al año siguiente, Johann Trollmann fue obligado a alistarse en el Ejército y fue enviado al terrible frente del Este, a vérselas con los soviéticos en unas condiciones penosísimas. Sobrevivió, no obstante, a la guerra, y en 1942 pudo disfrutar de un permiso y regresar a Alemania, pero entonces se firma el Decreto de Auschwitz que equipara a los gitanos con los judíos. Al poco de llegar a casa, la Gestapo lo detuvo y lo envío al campo de concentración de Neuengamme, cerca de Hamburgo. Se convirtió en el preso 721/1943. Allí lo que le esperaba aún era peor.

Trollman fue humillado, maltratado y asesinado por el nazismo, su único delito, ser Rroma, ser el mejor y el más rápido.

Para su desgracia, los guardias del campo de concentración se enteraron de que era boxeador y concibieron una forma de tortura que para ellos era divertida. Tenían malnutrido a Trollmann y sólo le daban más de comer si perdía por KO en los combates que se organizaban en el campo. En 1943 trascendió que había muerto. La versión oficial fue que el fallecimiento se debía a razones “naturales”. Corrieron toda clase de rumores en Alemania, que si le habían disparado, que si se había suicidado…. Hace poco, el año 2008, un periodista llamado Roger Repplinger reveló las verdaderas  circunstancias de su muerte, que tuvo lugar en 1944. Al parecer, le organizaron un combate contra otro recluso llamado Emil Cornelius. La particularidad es que este Cornelius era un kapo, que en el argot es el nombre que recibían los presos que colaboraban con los nazis y hacían de espías internos. Trollmann cometió el error de noquear a Cornelius delante de los guardas. Éste, enrabietado por la humillación, agarró un madero y apaleó hasta la muerte a Trollmann, ante la mirada impasible e incluso las burlas de los guardas, que ni se inmutaron al ver el cadáver ensangrentado de el ex campeón de Alemania de boxeo tirado en el barro. Así acabó la historia del corajudo gitano que se atrevió a desafiar a un régimen.

Tuvieron que pasar casi 60 años para que la figura de Johann Trollmann fuera reconocida. “Stolperstein” para Johann “Rukeli” Trollmann en Schulterblatt 71, Hamburgo.

Tuvieron que pasar casi 60 años para que la figura de Johann Trollmann fuera reconocida. Una de esas personas especiales con gran sentido del deber y una despejada concepción de la rectitud, Eva Rolle, promotora de boxeo berlinesa, luchó denodadamente por el reconocimiento del destino de “Rukelie” Trollmann.

En el transcurso de una representación benéfica de boxeo profesional, en diciembre de 2003, con sus esfuerzos quedaban cerrados 70 años de desconocimiento, y el título alemán de boxeo le era devuelto post mórtem a su legítimo propietario. Bajo aplausos emocionados, Mike Cloth leyó la resolución oficial de la Federación Alemana de Boxeo, y los parientes de Trollmann tomaron el cinturón simbólico del Título Alemán de Boxeo en peso mediano de 1933. Junto a los parientes de Trollmann se encontraban el presidente de la Asociación Alemana de Gitanos, Romani Rose, y cerca de 40 sobrevivientes del holocausto.

Hoy en las calles de Hamburgo puede verse una placa conmemorativa en su honor, frente a lo que fue el gimnasio donde ganó algunas de sus más memorables peleas, y el 9 de junio de 2010 fue inaugurado en Berlín un monumento en memoria de Johann Trollmann, el boxeador gitano que ridiculizó al Tercer Reich.  

Espero que este artículo les haya resultado de su agrado y haya servido para desvelar una parte de la historia, casi siempre oculta, de nuestro pueblo y de las grandes injusticias y crimenes que hemos sufrido a lo largo de los tiempos.

Permitasenos guardar la memoria y el respeto por todos esos Rroma, concidos o anónimos que pagaron tan alto precio por ser lo que eran, por luchar cada día contra la injusticia, el racismo y la discriminación. Pero sigamos atentos, seguimos sufriendo el racismo y la vulneración de nuestros derechos a todos los niveles.

El 9 de junio de 2010 fue inaugurado en Berlín un monumento en memoria de Johann Trollmann, el boxeador gitano que ridiculizó al Tercer Reich.

Cito a Elie Wiesel, Premio Noble de la Paz y superviviente de Auschwitz, que nos advierte:
“Estábamos convencidos de que después de Auschwitz, los pueblos no cederían al fanatismo, las naciones no sostendrían más guerras y que el racismo, el antisemitismo y la humillación social serían barridas para siempre.
No podíamos imaginar que en el curso de nuestras vidas seríamos testigos de más guerras, de nuevas hostilidades raciales y de que el nazismo despertaría en los 5 continentes.
Pero hemos aprendido ciertas lecciones.
Hemos aprendido a no ser neutrales en tiempos de crisis, porque la neutralidad siempre ayuda al agresor, no a la víctima.
Hemos aprendido que el silencio no es nunca la respuesta.
Hemos aprendido que lo opuesto al amor no el odio, sino la indiferencia.
Y ¿qué es la memoria sino la respuesta a la y contra la indiferencia?
Por lo tanto permítasenos recordar por la seguridad de todos. La memoria puede ser nuestra única respuesta, nuestra única esperanza de salvar al mundo del castigo final.”

LUCHEMOS PARA QUE EL MUNDO NO OLVIDE, SI EXISTE ALGO QUE PUEDE HONRAR A TODOS LOS QUE FUERON ASESINADOS ES EL TESTIMONIO DE SU MEMORIA QUE SOBREVIVE EN AQUELLOS QUE LUCHAMOS POR QUE ALGO ASÍ JAMÁS VUELVA A SUCEDER.

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2 responses to this post.

  1. article passionant
    dans le même temps une expo au mémorial de la shoah à paris sur le sport à l’épreuve du nazisme

    où Rukel, ces documents de l’article sont montré

    des extraits du film fait sur lui aussi….
    bonnne expo dense, documents parfois petits, mais beaucoup à apprendre et comprendre historiquement

    Responder

  2. Posted by tochtli on febrero 22, 2012 at 6:57 pm

    impresionantemente bien escrito, bien vivido su ejemplo de dignidad es para el mundo entero..viva el recuerdo de Johann Trollman! GRACIAS por desinvisibilizar su historia

    Responder

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