GELEM,GELEM

“Gelem, Gelem” ¡¡Vamos, vamos!!

La actual ola de Rromafobia y Antigitanismo está provocando un peligroso fenómeno de involución social y los Rroma (gitanos) corremos el riesgo, (en algunos lugares ya no es un riesgo sino una realidad) de perder los pocos derechos y avances ganados por nuestro pueblo. Y digo “ganados”, no regalados ni ofrecidos.
La situación mundial es sangrante: en Hungría nos están matando, en Eslovaquia y Rep. Checa están esterilizando forzosamente a nuestras Rromi (gitanas), en Bulgaria y otros lugares meten a nuestros hijos en clases para discapacitados mentales, en Italia nos señalan como a reses y nos maltratan, en Francia nos expulsan y en Alemania y otras partes de Europa retornan a los refugiados gitanos kosovares condenándolos a una muerte segura, ignorando los informes del Consejo de Europa, de la ONU y de Amnistía Internacional.
Esta misma mañana el propio Vaticano se ha permitido el lujo de expulsar a sus creyentes, gitanos, a la calle, como en la Edad Media, cuando se nos negaba el derecho de “acogerse a sagrado”. Malhechores, ladrones, vándalos…, todos, podían refugiarse en las iglesias y tenían derecho de acogida, todos menos nosotros, los gitanos.

Hace 40 años, un 8 de Abril, nos reunimos y salimos al mundo para decirle que existíamos, que a pesar de que nos negaran, de que intentarán asimilarnos o de que nos intentaran exterminar, nosotros estábamos más presentes que nunca y creímos que una nueva era se abría ante nosotros.
Cargados de ilusión, de ganas de entendimiento y mejora, nos dotamos de una bandera (para que nos reconocieran bajo algún símbolo, ustedes y su tendencia por ordenarlo todo y colocarle etiquetas) y también de un himno, el “Gelem, gelem”, para no olvidar nunca quienes somos y sentirnos una sola voz, para que no se olvidaran nunca que también fuimos víctimas del “Porrajmos” (Holocausto, Shoa), algo que ustedes prefirieron ignorar durante tanto tiempo que la mayoría de nuestros mayores nunca se vieron resarcidos porque se marcharon de este mundo, mudos de dolor, rumiando los recuerdos de sus muertos.
Pensamos ingenuamente que nos habíamos ganado un espacio en “su” mundo, del que se han apropiado sin preguntar a nadie, el que ustedes rigen por imposición, el mismo que ordenan a conveniencia por encima y a pesar de otros muchos a los que hacen vacío porque son “diferentes”. Creíamos que si seguíamos las “reglas de juego” nunca más se volvería a repetir la persecución, no volveríamos a ser esclavos, no tendríamos que vivir con el temor calado en los huesos.
Somos un pueblo sencillo que celebra la alegría del día a día, vivimos con intensidad, como si el mundo se fuera a acabar mañana, quizá demasiado cándidos e ingenuos, tanto que aún creemos en la palabra dada y no honramos en virtud de nuestras riquezas sino de la altura moral y ética, protegemos y acompañamos a nuestros mayores y nuestros niños, vivimos y compartimos en colectivo en una sociedad que están convirtiendo en homogénea, individualista y carente de sentimientos.

Los mismos que nos acusan de no querer integrarnos en su “civilizado” mundo nos expulsan, salen a la caza del gitano, nos reducen a “ghettos”, no nos quieren trabajando, ni en el médico, ni en la escuela, ni en los barrios, nos rechazan en el transporte público, en sus tiendas, murmuran a nuestro paso y nos ridiculizan, nos “cosifican” reduciéndonos a problema social y olvidándose de nuestra humanidad. Quizás por eso, porque nos han restado cualquier característica humana, se permiten el lujo de ejercer tanta crueldad.
El lamento romaní se alza profundo, emergiendo del alma, arrancando a su paso astillas de dolor que suenan a madera quebrada, la madera de nuestro corazón deshidratado, seco, de tantas lágrimas derramadas.
Pero no, este escrito no solo está dirigido a los racistas, los xenófobos… También me dirijo a aquellos que siendo personas buenas contemplan con estéril indignación o con absoluta impasibilidad estos actos ¿Qué más necesitan para sentirnos, para conmoverse, para compartir y solidarizarse?
No, no queremos dar pena. Somos un pueblo orgulloso, no queremos caridad, no es tiempo de caridad humillante porque, como dice Galeano, “la caridad se ejerce verticalmente y desde arriba”. Es el tiempo de la solidaridad y de tratarnos de igual a igual como hermanos, como seres humanos que somos y habitantes de este planeta, de luchar codo con codo por un mundo mejor. Por favor, soñemos y creemos realidades mejores donde todos y todas tengamos nuestro espacio, aprendamos unos de otros en espíritu de fraternidad. Caminemos juntos, mi hermano.
¡Sastipen thaj mestipen!
¡Salud y Libertad!

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3 responses to this post.

  1. Posted by Prìncipe paisano moro. on diciembre 12, 2011 at 6:13 pm

    que hermoso tema..

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  2. Tienes razón, en el mundo actual en aue vivimos ya no deberían haber discriminaciones de ningún tipo, y deberíamos empezar cada uno de nosotrs eliminando de nuestro vocBulRio esas palabras que nos separan, ya no digamos usted y nosotros remarcando así una distinción. Deberíamos solo decir todos, nosotros, englobando a todos sin importar credo, raza, creencia etc. Cuando aprendamos que todos somos iguales y “vamos en el mismo barco,” es cuando todo va a cambiar. Saludos.

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  3. Posted by Juanito,..principe paisano moro on abril 14, 2014 at 10:34 pm

    gelem..gelem. 🙂 viva el Dia 8 de Abril …. Dia internacional del pueblo Drom!!!!

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